viernes, 14 de diciembre de 2012

Medios de comunicación, redes sociales y responsabilidad en la red

Las (ya no tan) nuevas tecnologías, la crisis y el cierre de cabeceras de periódicos, fenómeno que no es nuevo, pero que se ha extremado en los últimos años, traen a su vez algunas ventajas para los medios más pequeños. El modelo se vuelve menos vertical y pueden llegar a hacer competencia real a medios consolidados. Por otro lado, la menor dependencia de la publicidad clásica, entre la que cabe contar la administrativa (que puede verse como un método indirecto de control político de la línea editorial) y los controvertidos anuncios por palabras de profesionales del sexo, libera y da mayor margen de maniobra para decir lo que se quiere. Aquí debo hacer un apunte personal. Creo firmemente que el periodista que se pretenda objetivo, no pasa de ser un mentiroso. Somos el resultado de lo que hemos aprendido y vivido, y tenemos opiniones propias. Toda información que pasa por nuestras manos recibe una interpretación en un sentido u otro, con lo que su transmisión, pudiendo ser relativamente aséptica, siempre contendrá un sesgo.

Dos ejemplos de lo anterior: Salvados y Michael Moore. Salvados tiene la virtud de tocar temas delicados desde un enfoque cercano a la gente, contando una historia lineal, fácil de digerir y en la que la conclusión ya te la dan hecha. Desde una posición de aparente imparcialidad, se monta la historia (el montaje no significa manipular en el sentido de decir cosas que no se han dicho, basta con cortar una intervención en un punto concreto y sacar unas palabras de contexto para pasar de héroe a villano) dando la impresión que se toman todos los puntos de vista sobre el tema, cuando en verdad no es así. Críticas similares se han hecho de los documentales de Michael Moore, quien, usando datos reales, sólo usa los que le convienen para contar su historia, obviando los demás. Aunque me gusten otras películas de este director, la disparatada Canadian Bacon está entre mis favoritas, no me gusta que me guíen como un corderito hacia una conclusión preconcebida. Caballeros, ni las imágenes ni los datos hablan por sí solos, se les hace hablar.

El mantenimiento de la reputación en la red obliga a los profesionales a estar al tanto. Incluso cuando no hay problemas a la vista, pueden surgir en un momento. Las redes sociales son un campo de batalla que genera sus propias dinámicas e inercias peligrosas. Ante situaciones de confusión, se retroalimentan de sus propios rumores, exagerándolos y descontextualizándolos. Es fácil y rápido tirar la piedra y esconder la mano, de modo que el responsable nunca tenga que asumir las consecuencias de su acción. Como ejemplo, los incendios de este verano en la comunidad Valenciana. En un momento dado, el fuego estuvo a 8 kilómetros de la central nuclear de Cofrentes (no se acercó más), pero la "información" en las redes sociales degeneró hasta tal punto que, de estar a ocho kilómetros, se habló de que estaba a las puertas de la Central y se estaba evacuando la zona. Pero hay más efectos perversos, como la supuesta "donación" de Iniesta de la prima ganada por el triunfo en el mundial a los afectados por el incendio, que se vio obligado a desmentir, quedando, encima, como malvado. Para más inri, en el caso de Iniesta fue un acreditado periodista deportivo el que dio por buena la noticia que había visto en un tweet, sin contrastarla antes. En su descargo, cabe decir que pidió disculpas. La inmediatez de las redes sociales es una ventaja en ocasiones, pero se pierde en demasiadas ocasiones la necesaria reflexión y contrastar las fuentes. Se pueden lanzar verdaderos eslóganes que hagan mucho daño a empresas o particulares, con independencia de que más tarde se demuestren falsos. Lo que es peor, no es raro ver que siguen circulando por facebook, twitter y otros medios bulos ya desacreditados, pero que mucha gente se los sigue creyendo.

Los periodistas no escapan a esta dinámica, pero deberían ser más conscientes que, como transmisores de información y opinión, deben ser más rigurosos en el análisis de las noticias y el contraste de las fuentes. Con la misma fuerza que defienden un titular que es noticia, si esta se demuestra falsa, deberían hacerlo saber y no escurrir el bulto. Soy consciente que la novedad y la posibilidad de dar una noticia en primicia antes que los demás medios, es una tentación muy fuerte, pero luego vienen los errores garrafales. Dada la intensa competencia actual, creo que el futuro de los medios que se pretendan serios, es contar buenas historias, por las que valga la pena pagar.

Sobre los nuevos cibermedios, versó el IV Congreso de Comunicación Digital en la Comunidad Valenciana, centrado en la omnipresente crisis económica. De modo abstracto ya he mencionado más arriba algunas cuestiones generales que atañen a todos los medios, lo que me interesa más ahora son los casos concretos de nuevos proyectos que se están llevando a cabo, sean ya rentables o no. Modelos hay muchos y, en la mesa que presencié como mero espectador, estuvieron presentes tres bien diferenciados: Valencia Plaza, Chechehe y Jotdown.

Valencia Plaza sigue quizás el modelo más tradicional, con accionistas y asalariados, además de colaboradores pagados. Desde el principio se plantearon no vivir del altruismo, sino conseguir ser rentables algún día. Aunque confesaron que, lamentablemente, a día de hoy el plan de negocio no se había cumplido a causa del contexto económico. Este medio nace con El Confidencial como referencia, y con el firme propósito de trascender del ámbito de la Comunidad Valenciana. Para ello, se busca diferenciarse de otros medios a través de una calidad y seriedad de contenidos y adquirir mayor relevancia, con un incremento constante de lectores.

Checheche se define a sí mismo como laboratorio donde se experimenta mucho, aunque inicialmente pueda salir mal. Se busca dar un enfoque diferente al tradicional a las noticias, aunque ello les haya costado algún disgusto (la sátira en el mundo del futbol no parece ser algo especialmente bien recibido). Destaca la gran importancia que tiene Twitter en su caso, pues la diferencia de visitas entre noticias publicadas en esta red social y aquellas que no, supera el 60%.

Jotdown es en estos momentos el único negocio rentable. Surgió con la idea de dar al mercado aquello que encontraban que faltaba o poniendo en relación aspectos y temáticas normalmente separados. Su fuente de inspiración es The New Yorker (artículos extensos, muy literario, con un periodismo de calidad y grandes reportajes), lo que permite comprender que una de sus señas de identidad más características sean las largas entrevistas, de hasta 40 páginas. Pero, aparte de la idea, se tuvo bien claro que había que poner unos buenos cimientos y se dio mucha importancia a la parte más administrativa: Plan de viabilidad, captación de inversores, forma legal y gestión de la marca. Todo medio de financiación es bienvenido, aunque descartan el crowdfunding como medio habitual, centrándose en los ingresos por publicidad y store. Aunque se lanzó en formato digital, señalan que la idea era crear primero una comunidad de seguidores para poder dar posteriormente el salto al papel, cosa que hicieron este mismo año. Destacan la importancia de google analytics, así como de las redes sociales (centrándose en meneame, más que en twitter o facebook, que puede generar inmensos flujos de visitas) y el marketing viral.

Los medios anteriores coinciden en que ninguna fórmula de financiación garantiza el éxito; no por comenzar con una inversión mayor, se obtendrán mejores resultados. Comenzar siendo muy pequeños y crecer gradualmente, hace que se sea más consciente del dinero invertido y permite una consolidación más sólida si la cosa prospera. La rentabilidad económica puede ser indirecta, más para los redactores que para el propio medio, pues, una vez mostradas las habilidades, no es extraño que un medio "tradicional" acabe fichando a estos profesionales.

Aun con las posiciones críticas que he mantenido en la primera parte de este post, que nadie me malinterprete, creo que el periodista y los medios ejercen una labor crucial para el mantenimiento de una sociedad democrática y una sana pluralidad informativa (recuerden, todos tenemos nuestras preferencias ideológicas y nuestras experiencias nos han hecho de un modo determinado). Lamento profundamente que la situación actual haya llevado a que muchos fantásticos periodistas apenas puedan, o no puedan en absoluto, vivir del periodismo. Pero, aquellos que siguen trabajando en ello, deben pensar que son vistos como faros, que arrojan luz y guían en esta maraña de información sin ordenar que es la red. Tienen una responsabilidad de dar informaciones contrastadas, reflexivas y de rectificar cuando se hayan equivocado. Ya conocen el dicho: "errar es humano, rectificar es de sabios".

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