Hoy quiero compartir un artículo que publiqué hace ya unos años en Diario de América y que, por los nuevos enfrentamientos entre israelíes y palestinos por el lanzamiento de cohetes desde la franja de Gaza a territorio de Israel, conviene rescatar con algunos cambios, pues el tiempo pasa y hay que actualizar. Por desgracia, todo conflicto genera víctimas con nombres y apellidos. Pero no es pertinente dar credibilidad a todo lo que cuente una de las partes, mientras a la otra no se la escucha y se la demoniza. Basta oir en las noticias que se menciones un número x de palestinos muertos por el ejército israelí, para que la mentalidad colectiva piense que son todos víctimas inocentes que no han hecho nada, cuando la mayoría de las veces son combatientes. Claro que hay pérdidas irreparables entre la población civil, pero no porque el ejército israelí dispare a diestro y siniestro, sino porque a los terroristas de Hamas poco les interesa el bienestar de la población y atacan desde posiciones civiles e incluso patios de mezquitas. En cualquier caso, se piensa poco en el lado israelí, salvo como asesinos sanguinarios; deshumanizándolos y descontextualizando la situación y la historia.
Sorprende, o
al menos debería sorprender si no estuviéramos tan acostumbrados ya,
leer noticias, bien sazonadas de fotografías, sobre el “malvadísimo” Estado de Israel. Y digo sorprende, porque cualquier análisis del
conflicto árabe-israelí con un mínimo de rigor muestra bien a las claras
quienes son los verdaderos agresores y la posición de inferioridad
numérica en la que se encuentra Israel. Se olvida que Israel es el único
país plenamente democrático de la zona y que se encuentra rodeado de
países, en su mayoría, hostiles.
Sólo dos países árabes han
reconocido a Israel: Egipto en 1977, lo que le costó la vida a Anwar
Sadat, y Jordania en 1994. Irán no sólo no lo reconoce, sino que además
le niega el derecho a la existencia, igual que hace Hamas. La existencia
del Estado judío ha estado amenazada desde el día de su creación, no
por amenazas imaginarias, sino por ataques tangibles y organizados,
siendo no sólo los palestinos, sino coaliciones de los países árabes de
la zona, los instigadores de los mismos. Sólo una buena organización y
el hecho de saber que, si pierden una sola guerra, no tendrán lugar a
donde ir, ha dotado a los israelíes de la energía necesaria para
sobrevivir.
La "Primavera Árabe", que desde el mundo occidental ha sido aplaudida quizás con demasiado entusiasmo, en la equivocada idea de que todos aquellos que derrocaban a los autócratas y dictadores de turno, eran personas imbuidas de un deseo de democracia, libertad e igualdad, ha generado una situación de incertidumbre y desequilibrio del statu quo preexistente difícil de cuantificar: Libia es un verdadero polvorín; en Túnez, los islamistas, que no lideraron las protestas que llevaron a la caida de Ben Ali y se mantuvieron a la espera, sacan un enorme rédito en las elecciones y hacen que se disparen todas las alarmas sobre el progreso o la involución del país; Egipto, vecino de Israel y hasta hoy país clave para la paz en la región, está gobernado por el Partido de la Libertad y la Justicia, marca electoral de los Hermanos Musulmanes, de carácter marcadamente fundamentalista y hostil a la mera existencia del Estado de Israel.
En buena parte de Occidente se encuentra instalada una
mentalidad incomprensiblemente pro-palestina, que lleva prácticamente a
la “santificación” de personajes como Yaser Arafat, qué si bien acabó
reconociendo al estado de Israel, no hay que olvidar que, al crear la
OLP, su principal objetivo era la de expulsar a los judíos hasta el mar;
y para lograrlo no dudó en utilizar todos los medios a su alcance, es
decir, terrorismo puro y duro.
Los medios tienen una gran parte de
culpa en la imagen diabólica que ha sido generada. La información poco
fiable, cuando no la mera manipulación informativa, han producido a los
terroristas unos réditos en concepto de simpatías internacionales
difíciles de superar. Es más, no se considera necesario verificar una
noticia o la fiabilidad de las fuentes si se trata de una noticia que
coloca a Israel como atacante. Rectificarla públicamente si se demuestra
que es producto de un montaje, es algo que sólo acontece raramente y
sin publicidad.
Ejemplos hay muchos y sangrantes.
Las autoridades palestinas acusaron al ejército israelí de haber cometido una masacre, con casi 500 muertos y 1500 heridos, durante la batalla de Yenin en 2002. Recuentos oficiales posteriores redujeron la cifra palestina a 23 soldados israelíes fallecidos y apenas 50 muertos palestinos, la mayoría combatientes.
Cuando
Robert Fisk acusó a Israel de haber empleado bombas de uranio en la
última guerra del Líbano, expertos de la ONU y de la Organización
Internacional de la Energía Atómica demostraron lo contrario. Aún así,
no se retractó de sus palabras.
Una imagen que ha quedado grabada
en la retina colectiva es la del niño Mohamed Al-Dura, supuestamente
atrapado con su padre en un fuego cruzado en Gaza entre el ejército
israelí y milicias palestinas. Hay serias razones para dudar de la
autenticidad del video. France 2 se negó durante años a mostrar los 27
minutos de metraje de la película, y cuando lo hizo por la presión de
los medios, los periodistas que lo visionaron hablaron de la existencia
de cortes y vacíos. Por otro lado, nunca se ve el momento de la muerte
del muchacho ni su agonía. En todo caso, lo que se vio era como seguía vivo y coleando. Por si fuera poco, el corresponsal de France 2
que firmaba la noticia y culpaba rápidamente al ejército israelí de esa
muerte, ni siquiera estuvo presente cuando se realizó la filmación.
Todo un ejemplo de integridad y veracidad periodística, ¿no es así?
Otro
ejemplo que alcanzó gran repercusión internacional fue la supuesta
masacre de una familia Palestina en una playa de Gaza en junio de 2006.
Se acusó a la marina israelí de haber bombardeado a los civiles. Más
tarde fue comprobado que la explosión fue previa a dicho ataque y fue
debida a una mina enterrada en la playa por los propios palestinos. Ni
que decir tiene, que la versión que todavía circula más entre la gente
es la inicial y muchos escuchan con incredulidad la realidad.
Un
extremo que raramente se menciona es el uso como escudos humanos que
grupos como Hezbolá o Hamas hacen de la población civil. Atacar desde
colegios, mezquitas o zonas urbanas pobladas es una estrategia habitual
y, francamente, una canallada. Luego acusan a los israelíes de ser unos
animales sedientos de sangre que no dudan en asesinar a civiles, cuando
en realidad, los primeros en poner en peligro a su población, son los
terroristas. También es habitual “embellecer” lugares donde se han
producido ataques israelíes con la colocación de objetos que añaden
patetismo a la escena (como una muñeca o un osito de peluche, nuevos e
intactos en las ruinas de un edificio destruido).
Es triste que
los propios periodistas y fotógrafos que trabajan en Oriente Medio ya
asumen que hay algo de teatralidad e incluso manipulación. Son llevados y
“escoltados” por los terroristas a donde les interesa y les muestra
sólo aquello que desean que vean. No hay una verdadera libertad de
información. Aquel periodista que dé informaciones que se aparten de la
línea pro-palestina, tendrá serias dificultades para realizar su
trabajo. Y la mayoría ceden. En otros casos, directamente preparan las escenas en verdaderos "decorados". No por nada fue acuñado el término Pallywood.
Incluso cuando hablamos de informaciones relativamente objetivas, se nota un aire claramente pro.palestino. Vease por ejemplo el artículo sobre la Cúpula de Hierro (el nuevo sistema antimisiles israelí), que incluye la frase: "El nuevo sistema defensivo acentúa la asimetría de la contienda bélica". Da la sensación de que Israel debería disculparse y avergonzarse de haber implementado un sistema de defensa que disminuye notablemente la cantidad de misiles que llegan a su territorio. ¿No debería plantearse el artículista que el problema está, simple y llanamente, en que les lancen misiles?
Queda, pues, una guerra más por
ganar: la guerra mediática. Se requerirá coraje, valor y una voluntad
firme de decir la verdad, superando los prejuicios y los estereotipos y
haciendo bueno el aforismo de Orwell: “La libertad de expresión es decir
lo que la gente no quiere oir”.
Te has mojado Jose, me gusta;)
ResponderEliminarGracias Ada. Se que el tema es muy controvertido y que no comparto el clima de opinión mayoritario, pero creo que es necesario hacer reflexionar sobre el tema de la propaganda en los medios. No hay nada más falso que el "una imagen vale más que mil palabras", pues es fácil sacar de contexto, cuando no manipular burdamente, cualquier imagen, video opinión. Además, toca pensar en esto: ¿Deben avergonzarse los israelíes de no dejarse matar? El israelí medio sólo quiere paz, pero no la que propone Hamas, la paz del muerto en el cementerio.
EliminarMe parece un artículo excelente. ¡Estoy 100% de acuerdo! Enhorabuena.
ResponderEliminarMuchas gracias Vicent. Hoy terminamos el día además con el anuncio de un alto el fuego. Veamos cuanto tarda Hamas en saltárselo. Aunque Jaled Meshal lo intente vender como un fracaso de Israel, lo cierto es que la actitud de Hamas, que controla la franja tras su victoria en las elecciones de 2006, es la gran responsable de la situación que allí se sufre.
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