sábado, 21 de octubre de 2017

Consejos para un viaje a Japón: Llegada al aeropuerto, cambio de divisas y transporte al centro (II)

Por fin te has decidido, compraste los billetes, reservaste el alojamiento y te hiciste un itinerario muy chulo. Estás en el avión y todavía no te puedes creer que de verdad estés cruzando el mundo para ir al país de tus sueños. Aterrizas, bajas y pasas los controles de seguridad sin mayor problema y ahora te preguntas:
Acabo de llegar a Narita, ¿cómo me voy al centro? Hablar de centro, dadas las dimensiones de Tokio y que cada barrio tiene algo que lo hace peculiar, es una licencia poética. Pero no seamos puntillosos. Puedes hacerlo en tren, autobús o taxi. La última opción, a menos que quieras gastar del orden de 200 euros, queda descartada casi de inmediato. Los precios en tren rondan entre los 2500 yenes del skyliner y los 3000 yenes del Narita express por trayecto. En relación a este último, si compras billete de ida y vuelta sale a 4000 yenes en total. Y, no nos olvidemos, si eres poseedor de un JR Pass y lo activas a tu llegada en el aeropuerto, el Narita express está incluido y no tendrías que pagar más. 

Los vagones de primera clase en Japón van marcados con un trébol verde


Existen opciones todavía más baratas en tren, aproximadamente la mita de precio de las anteriores, pero son menos directas y posiblemente más caóticas y confusas si es tu primera vez en Japón, pero pueden ser interesantes para un segundo viaje.

 


Si por alguna razón no quieres activar todavía tu JR Pass y vas a pasar los primeros días en Tokio, lo que es muy recomendable para recuperarte del palizón del viaje, pásate por los mostradores de Keisei bus en el aeropuerto (importante, pues no los venderán en el centro) y podrás comprar unos pases especiales de 24, 48 y 72 que incluyen las líneas de Tokyo Metro y Toei. El precio va de los 800 a 1500 yenes el más caro, pero se amortiza en nada. Si se os pasa, no os preocupeis, en cualquier caso podréis haceros con los pases diarios del metro de Tokio por 600 yenes o el combinado anterior por 900 yenes.


Tengo un montón de euros en metálico, ¿dónde es mejor cambiarlo? Has hecho bien en no comprar yenes en tu país de origen. En el caso de España, el tipo de cambio es infame y no sale a cuenta. Cualquier casa de cambio japonesa te ofrecerá mejores condiciones. La cuestión es: ¿cambio en el aeropuerto o me espero a llegar a la ciudad?

A fin de maximizar los yenes que os darán por vuestro dinero, sugiero que una pequeña parte, lo suficiente para los gastos iniciales, la cambiéis en el aeropuerto, donde contáis cuentas con dos opciones, recurrir a una casa de cambio tradicional o a un máquina de cambio automático de divisas. El cambio que os ofrecen ambas es muy similar, pero os recomiendo la segunda opción por rapidez y comodidad; literalmente consiste en que elijáis el tipo de moneda que deseais usar (las máquinas admiten las principales divisas como euro, dolar o libra) y comencéis a meter los billetes. Una salvedad, sólo cambiarán por persona hasta 100.000 yenes. En la ciudad teneis muchas más opciones  que os darán un cambio ligeramente mejor (travelex, Daikokuya, World Currency Shop o Sakura Exchange, entre otras)

Acabo de caer en que no hablo japonés. ¡estoy perdido! No te preocupes, aunque tradicionalmente el inglés que habla la mayoría de los japoneses no es para tirar cohetes, lo cierto es que ha mejorado bastante en los últimos tiempos. Por otro lado, decir que son amables y serviciales es quedarse cortos. Si estás perdido de verdad, confía en que te ayudarán. Con un mapa, buena voluntad y un buen arigatou junto con una reverencia, se llega muy lejos.

Vale, sí, algo he oido sobre eso, pero estaré perdido sin internet. Creo que puedo darte buenas noticias en ese sentido. Japón es un país donde la gente está permanentemente conectada con dispositivos de última generación y muchos locales, empresas de transporte y organismos públicos ofrecen internet gratis. Es posible que os pidan registraros (sin coste y sólo con la introducción del correo electrónico) y ya podáis navegar. 

Qué majete es Godzilla :D
Pero si queréis algo más estable y seguro, siempre podéis alquilar un pocket wifi. Con este pequeño aparato, podréis conectar varios dispositivos a la vez. La única pega, entre comillas, es que hay que alquilarlo previamente a vuestra llegada a Japón. Normalmente podréis elegir que os lo envíen a casa, la dirección de vuestro alojamiento o al aeropuerto. En caso de que escogierais esta última opción, aseguraos que vuestro vuelo llegue en un horario en que la oficina de recogida del aeropuerto este abierta (En Narita están de 8:30 a 20:00). La devolución es casi más sencilla, junto con el paquete en que venga, habrá un sobre prefranqueado para enviarlo de vuelta por correo. No es caro, según la opción que prefieráis, podéis calcular unos 50 a 60 euros por unos 11 días. Os recomiendo pasar por Japan Wireless para haceros una idea. Si bien es uno de los más recomendados, no es el único proveedor de pocket wifi.

jueves, 19 de octubre de 2017

Cuando las barbas de tu vecino veas cortar...

Cumplido el segundo de los plazos que el Gobierno concedía a Carles Puigdemont, esta vez para restaurar la legalidad, éste envía una nueva carta cínica y desafiante en la que al menos parece quedar más claro que dice no haber votado la independencia. Cómo en comunicaciones anteriores, deja de lado la realidad y se limita a utilizar el argumentario propio del independentismo, plagado de medias verdades, cuando no mentiras flagrantes.

Procedamos a su disección.

"Apreciado Presidente Rajoy,

El pueblo de Cataluña, el día 1 de octubre, decidió la independencia en un referéndum con el aval de un elevado porcentaje de los electores. Un porcentaje superior al que ha permitido al Reino Unido iniciar el proceso del Brexit y con un número de catalanes mayor del que votó el Estatut d'Autonomia de Catalunya.

Sin volver a entrar en la ilegalidad del referendum, que se celebró además sin ninguna garantía y nadie en España ni fuera lo reconoce, tergiversa las cifras. El muy pillín habla sin tapujos del elevado número de electores que votaron por el sí, callando cual puta que no sólo no votó ni la mitad del censo, sino que, con las propias cifras que ofrecían, no representan ni al 40% de los catalanes. Tanto en el proceso del Brexit como en la votación del Estatut, se realizaron votaciones con las debidas garantías, con una amplia participación y una campaña limpia de las posturas enfrentadas que daban una legitimidad real a los resultados (aunque, desde mi punto de vista, sea discutible que para cuestiones tan espinosas como salirse de la Unión Europea baste con una mayoría justita).

El 10 de octubre, el Parlament celebró una sesión con el objeto de valorar el resultado del referéndum y sus efectos; y donde propuse dejar en suspenso los efectos de aquel mandato popular.

La sesión fue una farsa y no hubo valoración alguna, sólo un monólogo de un funambulista intentando contentar a todos y no cabrear demasiado a nadie. Efectivamente, propuso la suspensión, pero también señaló que ésta debía votarla el Parlament, y no se hizo.

Lo hice para propiciar el diálogo que de manera reiterada nos han hecho llegar, a usted y a mí, instituciones y dirigentes políticos y sociales de toda Europa y el resto del mundo. En este sentido, en mi carta del lunes, le propuse celebrar una reunión que todavía no ha sido atendida. Del mismo modo, tampoco ha sido atendida la petición de revertir la represión. Al contrario, se ha incrementado y ha comportado la entrada a prisión del presidente de Òmnium Cultural y el presidente de la Assemblea Nacional Catalana, entidades de acreditada trayectoria cívica, pacífica y democrática.

Sí, le piden diálogo, pero volviendo primero a la legalidad, que es lo que pide el Gobierno. Gobierno que, por otro lado, ya ha planteado su oferta de diálogo al aceptar el acuerdo con Pedro Sánchez de estudiar una eventual reforma constitucional. 
No se ha incrementado ninguna represión, sino que, en lógica respuesta a unos actos ilícitos y no precisamente pacíficos, han actuado los juzgados y tribunales. Señor Puigdemont, España no es una república bananera como la que pretende usted crear en Cataluña. El poder judicial (aunque pueda haber cuestiones mejorables) es razonablemente independiente y compuesto por profesionales capaces y preparados. Recuerde además este dicho: cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar. 

Esta suspensión continua vigente. La decisión de aplicar el artículo 155 corresponde al Gobierno del Estado, previa autorización del Senado. Pese a todos estos esfuerzos y nuestra voluntad de diálogo, que la única respuesta sea la suspensión de la autonomía, indica que no se es consciente del problema y que no se quiere hablar.

Puigdemont y su gobierno no entienden lo que diálogo significa, salvo que cambiemos su definición a "ceder a las presiones de un matón de colegio". Los esfuerzos a los que hace referencia parecen más bien encaminados a que el Gobierno aplique, sí o sí, el 155. Hasta cierto punto, el independentismo catalán se siente confuso y defraudado por la prudente respuesta desde el Gobierno, cuando en su imaginario colectivo contaban con que se daría una brutal y desproporcionada represión que les otorgaría legitimidad y reconocimiento internacional. Videos lastimeros como el de Help Catalonia, plagiado de un video ucraniano, se contradicen con una realidad que, tozudamente, no acaba de plegarse a los deseos de los independentistas.

Finalmente, si el Gobierno del Estado persiste en impedir el diálogo y continuar la represión, el Parlament de Cataluña podrá proceder, si lo estima oportuno, a votar la declaración formal de la independencia que no votó el día 10 de octubre.

No hay más que añadir, El govern busca ir a una política de hechos consumados, aunque sea dudoso que cuente con los medios personales y materiales para hacer viable una independencia real, que no es deseada por la mayoría de los catalanes y que ya ha provocado una importante huida de empresas, y con ello del sostén económico en que pensaban apoyarse. 

Ante esta última carta, el Gobierno decidirá el sábado si finalmente opta por aplicar el 155 o se toman otro tipo de medidas. La ciudadanía catalana y del resto de España comienzan a estar hastiados de este clima de enfrentamiento e incertidumbre, pero tienen claro que la respuesta no es la independencia unilateral. 

Hagan sus apuestas sobre el sábado.


martes, 17 de octubre de 2017

Señor Puigdemont: así no

Si el discurso de Carles Puigdemont tras el de Felipe VI fue un ejercicio de cinismo que parecía no tener límite, con su carta de respuesta al requerimiento del Gobierno para que aclarase si había declarado o no la independencia, vuelve a superarse. Analicémosla por partes.

La situación que vivimos es de tal trascendencia que exige respuestas y soluciones políticas que estén a la altura. Mi carta quiere contribuir a alcanzar ese tipo de respuestas, que son las que nos pide la mayoría de la sociedad y las que se esperan en Europa, que no entiende otra forma de resolver los conflictos que no pase por el diálogo, la negociación y el acuerdo.

En este sentido, me sorprendió que en su escrito del pasado 11 de octubre anunciara la voluntad de su gobierno de poner en marcha el artículo 155 de la Constitución para suspender el autogobierno de Catalunya.

No le falta razón al afirmar que vivimos una situación de gran trascendencia, pero no por las razones que él cree. Habla de respuestas y soluciones cuando ni responde a lo que se le pregunta, ni aporta solución alguna. Hace referencias vacías al diálogo, la negociación y el acuerdo, pero callando que desde Europa, como desde el Gobierno de España, este diálogo debe ser en el marco de la legalidad.

Sólo un ingenuo o un mentiroso compulsivo puede sorprenderse que, tras un desafío de tal magnitud a la integridad territorial del estado y la convivencia de todos los españoles, se le anuncie la posibilidad de poner en marcha un artículo de la Constitución, aprobada en su momento por una inmensa mayoría de los españoles, incluyendo los catalanes, que podría suponer el fin temporal de la autonomía hasta restaurar la legalidad.

Cuando el pasado día 10, atendiendo a la petición de numerosas personalidades e instituciones internacionales, española y catalanas, le planteé una oferta sincera de diálogo, no lo hice como una demostración de debilidad sino como una propuesta honesta para encontrar una solución a la relación entre el Estado español y Catalunya que lleva bloqueada desde hace muchos años.

Ciertamente la situación lleva bloqueada muchos años, pero Rajoy es más la excusa para explicar este "bloqueo" que la verdadera causa. Las personalidades e instituciones internacionales, que nunca acaba de concretar, lo primero en que le insisten para una mediación de cualquier tipo es que vuelva a la legalidad. Algo no debe estar haciendo bien cuando se lo piden todos. Será quizá que la "sincera oferta de diálogo" de que presume es vista más bien como un "voy a hacer lo que me salga dels collons"

El domingo 1 de octubre, en medio de una violenta actuación policial denunciada por los más prestigiosos organismos internacionales, más de dos millones de catalanes encomendaron la Parlament el mandato democrático de declarar la independencia. A los resultados de este referéndum hay que añadir los de las últimas elecciones al Parlament de Catalunya donde una clara mayoría, un 47,7%, votó fuerzas independentistas, y donde las fuerzas explícitamente contrarias a ella obtuvieron un 39,1%. También es necesario recordar que un 80% de los ciudadanos vienen manifestando reiteradamente la voluntad de decidir su futuro político votando en un referéndum acordado. Aceptar la realidad es el camino para resolver los problemas.

Este párrafo me encanta porque hace bueno el dicho de que si torturas lo suficiente a los números, éstos dirán lo que tu quieras. Un 47,7% sigue siendo menos del 50% y, por otro lado, el bloque independentista no es monolítico (no todo ese porcentaje votaría por la independencia) y las encuestas indican que los resultados en unas nuevas elecciones autonómicas serían aún peores. Quita a propósito el procentaje de votos de las confluencia de Podemos, que no son necesariamente independentistas e intenta confundir a un lector casual equiparando implícitamente un 80% de catalanes que podrían estar por la celebración de un referendum pactado, como personas que votarían por la independencia. Sobre la "violenta actuación policial", parece olvidar que tanto la Comisión como el Parlamento Europeo aprueban el uso proporcionado de la fuerza y han apoyado a Rajoy en este sentido. Recordemos que uno de los apoyos del independentismo catalán que ha "denunciado" el uso de la fuerza era un demócrata convencido como Nigel Farage.

La prioridad de mi gobierno es buscar con toda intensidad la vía del diálogo. Queremos hablar, como lo hacen las democracias consolidadas, sobre el problema que le plantea la mayoría del pueblo catalán que quiere emprender su camino como país independiente en el marco europeo.

Siempre he estado en contra del uso de las cuasipersonificaciones: ¿Quién es el pueblo catalán? ¿De qué mayorías hablamos? Puigdemont y su gobierno ha dejado claro que pueblo catalán es sólo quien está por la independencia y los demás no cuentan. Ha restringido los derechos de la oposición política en el Parlament, conculcando sus propias leyes y pervirtiendo el comportamiento de las instituciones. ¿Y la mayoría? Debemos cambiar la definición de diccionario de la misma, pues en términos del JxSÍ significa menos de la mitad.

La suspensión del mandato político surgido de las urnas el 1 de octubre demuestra nuestra firme voluntad de encontrar la solución y no el enfrentamiento. Nuestra intención es recorrer el camino de forma acordada tanto en el tiempo como en las formas. Nuestra propuesta de diálogo es sincera y honesta. Por todo ello, durante los próximos dos meses, nuestro principal objetivo es emplazarle a dialogar y que todas aquellas instituciones y personalidades internacionales, españolas y catalanas que han expresado su voluntad de abrir un camino de negociación tengan la oportunidad de explorarlo. Comprobaremos de esta manera el compromiso, de cada una de las partes, en hallar una solución acordada.

No puede haber mandato político de un referendum ilegal con una participación bastante menor del 50% y que en conjunto no representa ni el 40% de la población. No plantea siquiera los términos de la negociación, aunque sabemos que intenta que sea en términos de una igualdad que no es posible legalmente.

Es importante señalar también que no hace una sola mención a la otra Cataluña, la que mostró músculo en una multitudinaria manifestación en Barcelona y que dejó bien claro que no se se siente representada ni apoya ese "mandato político" en el que no han participado.

Por todo lo expuesto, le traslado dos peticiones:

La primera, que se revierta la represión contra el pueblo y el gobierno de Catalunya. Este mismo lunes están citados como imputados en la Audiencia Nacional dos de los líderes de la sociedad civil catalana que han impulsado las manifestaciones pacíficas de millones de personas desde el año 2010. También está citado, en la misma Audiencia Nacional, el mayor del 'Cos de Mossos d'Esquadra', uno de los cuadros policiales con más prestigio de la policía europea y que cumple su labor de forma rigurosa y garantista.

En el capítulo de la represión también sufrimos, entre otras, las vulneración de derechos fundamentales; la intervención y congelación de las cuentas bancarias que impiden que atendamos nuestras obligaciones con las personas más necesitadas; la censura de internet y de medios de comunicación; la violación del secreto postal; las detenciones de servidores públicos; y la brutal violencia policial ejercida contra población civil pacífica el día 1 de octubre.

Nuestra propuesta de diálogo es sincera, pese a todo lo ocurrido, pero lógicamente es incompatible con el actual clima de creciente represión y amenaza.

Nunca creí que se podría pervertir tanto el término represión hasta hacerlo equivalente a aplicación de la ley por parte del Estado de Derecho. Puigdemont formula una petición imposible a Rajoy. Ya sabemos que ni la parte derogada del actual Estatut, que regulaba las competencias judiciales, ni la ley de transitoriedad jurídica catalana, contemplan una división de poderes real, con un poder judicial independiente. Eso puede explicar los problemas de Puigdemont para entender que no está en manos del Presidente del Gobierno paralizar las actuaciones de unos juzgados y tribunales que son independientes.

Sobre el prestigio de los Mossos, lo cierto es que las investigaciones en curso pintan un panorama diametralmente opuesto, en el que hay numerosos indicios del uso político de la policía autonómica catalana y de que no cumplirían sus funciones con tanto celo cuando se trataba de políticos catalanes.

Es difícil ver vulneración de derechos fundamentales por ninguna parte: no ha habido censura de internet ni de medios de comunicación (lo de internet se referirá, de modo muy puntual y por orden judicial, a las páginas que servían para albergar la información sobre aspectos concretos, como los colegios electorales, del referendum ilegal), de hecho son los medios nacionales no independentistas los que han tenido en ocasiones dificultades para trabajar en Cataluña por la presión independentista. No existe violación del secreto postal, en la medida que es una actuación autorizada por un juez, con unas garantías y durante un periodo limitado en el tiempo. Los servidores públicos a los que se refiere, son detenidos por delitos de prevaricación al utilizar medios públicos para actos ilegales. Lo que me hace más gracia es lo de que la congelación de sus cuentas les impide cumplir sus obligaciones con las personas más necesitadas. Habrá que preguntar a Puigdemont a que ONGs contribuye.

El victimismo del independentismo catalán, que busca de algún modo equiparar su situación a la kosovar para justificarse a sí mismos de que están al límite y no existe más alternativa que independizarse, recuerda mucho a la pataleta de un niño mimado y consentido por demasiado tiempo. Nunca ha gozado Cataluña de mayores niveles de autogobierno en todos los niveles, con un amplio uso oficial del catalán, y un gran desarrollo económico. Todo esto se ha logrado en el marco de una Constitución, la de 1978, que obtuvo un consenso nunca conocido en nuestra historia democrática.

La detención de los dos Jordis, el mismo día de esta carta, tampoco es una represión política. Como líderes de dos organizaciones influyentes, durante los disturbios que precedieron al 1 de octubre, estuvo en su mano rebajar la tensión y contribuir al diálogo. Sin embargo, echaron más leña al fuego y exaltaron todavía más los ánimos de unos seguidores que llegaron a retener ilegalmente a miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, además de causar destrozos materiales a sus vehículos.

La segunda petición es que concretemos, lo antes posible, una reunión que nos permita explorar los primeros acuerdos. No dejemos que se deteriore más la situación. Con buena voluntad, reconociendo el problema y mirándolo de cara, estoy seguro que podemos encontrar el camino de la solución.

Sí, reúnanse, pero teniendo claro que hay que volver a la legalidad. Actuemos con seny.

sábado, 14 de octubre de 2017

Es la realidad, estúpido

Aunque estemos ahora mismo en un momento de relajación de la tensión del desafío independentista, en parte gracias a ese inesperado balón de oxígeno que fue la efímera declaración de independencia y el jarro de agua fría para el independentismo, los acontecimientos se siguen sucediendo y el lunes pueden comenzar a pasar cosas.

Ese es el último día que se dio de plazo a Carles Puigdemont en el requerimiento del Gobierno para que aclarase si había declarado la independencia o no. Un sí precipitaría la aplicación del artículo 155, con el respaldo de los partidos mayoritarios relevantes de ámbito nacional (IU es a todos los efectos irrelevante y Podemos un trilero en el que no se puede confiar); un no, supondría acabar de perder cualquier credibilidad que le quedara ante sus socios independentistas y una crisis difícil de cuantificar en un PDeCat donde los más críticos con la deriva de la antigua Convergència sentirán que han hecho el imbécil apoyando a una panda de locos que les llevaba al desastre; para finalizar, una respuesta ambigua, incluso que sea reenviado el discurso íntegro leido en el Parlament, no es descartable y el gobierno ya ha advertido que lo interpretará como un sí. Lo cierto a estas horas es que no parece haber nada decidido, lo que alarga la incertidumbre.

jueves, 12 de octubre de 2017

Consejos para un viaje a Japón: Los prolegómenos (1)

¿Te apasiona Japón? ¿Crees que irte a Japón supondrá la venta de uno de tus riñones, un ojo y tu cuero cabelludo? ¿Te sientes inseguro porque no hablas japonés y tu inglés es malo? No te preocupes, Japón está al alcance de todos si lo organizas bien. Un viaje de 11 días completos (13, si añadimos el día de llegada y el de salida), tuvo un coste de 2400 euros entre dos personas para los gastos de avión, alojamiento, JR Pass y las entradas al Museo Ghibli.

Comencemos por lo básico: la preparación del viaje.

miércoles, 11 de octubre de 2017

El independentismo de Schrödinger

Considerando los precedentes e intentando no pecar de ingenuo, no me esperaba una clara declaración unilateral de independencia, sino la misma ambigüedad calculada de siempre; y no me equivocaba. Lo que ya superaba mis más salvajes y lúbricas fantasías, era la posibilidad de combinar dicha ambigüedad con una suspensión inmediata de sus efectos, logrando un independentismo cuántico, que es, no es, y es y no es a la vez. Puigdemont debe de estar recibiendo asesoramiento de algún guionista de culebrones para lograr el más difícil todavía. 

Puigdemont asume el mandato de una parte, y ni siquiera la mayoría, del pueblo de Cataluña en cuyo nombre habla.
Vamos a recapitular un poco.

lunes, 9 de octubre de 2017

Economía y realidad

CaixaBanc, Banco Sabadell, Agbar (Aguas de Barcelona), Gas Natural, Banco Mediolanum y una lista que no para de crecer han comenzado a trasaldar sus sedes sociales fuera de Cataluña a otros puntos del territorio español. Otras muchas, como el Grupo Planeta, Freixenet, Codorniu, Lidl y otro largo listado, siguen muy atentamente el desarrollo de los acontecimientos para decidir si siguen el mismo camino. La conclusión es clara, a la mayoría silenciosa, que el pasado domingo enseñó músculo en Barcelona, se le une un sector económico que había mantenido un perfil bajo y nunca se había acabado de creer que las cosas llegarían tan lejos.

 

miércoles, 4 de octubre de 2017

Cinismo: un análisis del discurso de Puigdemont

Si alguna vez busca uno la definición de cinismo, creo que aparecerá la declaración institucional de Carles Puigdemont en respuesta al discurso del Rey Felipe VI. Con una cuidada escenografía, con la que intentaba dar la impresión de gran jefe de estado, lanzó un mensaje emocional en que obviaba las cuestiones legales, que le son completamente adversas. Claro, no vende igual decir que siempre pudo convocar elecciones y medir así el apoyo real de los catalanes a sus planes, pero decidió convocar un referendum ilegal en la forma y el fondo que, ateniéndose a las cifras que han aportado, ni siquiera representan al 40% de los catalanes.


martes, 3 de octubre de 2017

Por unas elecciones autonómicas anticipadas en Cataluña

¿Existe solución a la actual situación de tensión en Cataluña? Si, y pasa, además de por un frente común y firme de los principales partidos de ámbito nacional (cosa que parece difícil, a juzgar por la nueva jugada del PSOE para reprobar a la vicepresidenta; una curiosa manera de nadar y guardar la ropa), por algo tan simple y conveniente como unas elecciones autonómicas anticipadas, es decir, un proceso electoral legal y con garantías: un censo, una junta electoral, una campaña en que haya de verdad más de una parte y una (al menos relativa) imparcialidad en el uso de medios públicos. En suma, justo lo contrario de lo ocurrido en el mal llamado referendum, donde no se daban ninguno de los elementos anteriores, e incluso cambiaban las reglas de juego a mitad de partido sin el menor embarazo.

Por mucho que se presuma de un aplastante apoyo al sí, del que nadie dudaba, ya que los que apoyan el no se limitaron a no votar en un proceso absolutamente ilegal y que había prescindido de ellos, hasat el punto de negarles la condición de catalanes. Si Puigdemont, en un acto final de infamia, lleva a cabo la proclamación unilateral de la independencia, será con el apoyo de menos de un 40% del censo total, según los propios datos que ofrecen. Esto deja fuera al 60% de los catalanes. Incluso para la vergüenza que fue el referendum de Kosovo se exigió al menos unn 55% de síes y que votara un 50% de la población.

Puigdemont habla de violación de derechos por la actuación de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, que se vieron obligadas a actuar ante la pasividad e inacción de quienes deberían haber cumplido las órdenes dictadas por los tribunales. Actuación que en general fue proporcionada y no provocó 892 heridos, sino atendidos (matización importante). E incluso se produjeron milagros, como el de cierta señorita que pasó de tener todos los dedos de la mano rota a ligeras molestias en uno (y mejor no entrar en los bulos que circularony siguen circulando). Pero toca hablar de los derechos pisoteados de los catalanes no independentistas, que ven coartada su libertad de opinión y expresión porque desde las instituciones se ha dado patente de corso a todo aquel que porte una estelada. 

Pero creo que es ya una ficción que Puigdemont y el PdCat controlen el procés. Hace ya tiempo que éste ha pasado a manos de la ANC, la CUP y Omnium, que desde un activismo callejero y de agitación continua, han creado un ambiente irrespirable y viciado. Las coaliciones contra natura tienen estos riesgos. En una huida desesperada hacia adelante, obviando los casos de corrupción que salpicaban a la antigua Convergència y la mala gestión en tiempos de crisis económica, prefirieron buscar un enemigo externo en lugar de asumir sus responsabilidades y, cuando esto no fue suficiente, subirse al carro del independentismo para intentar paliar la sangría de votos que le arañaba ERC.

Vuelvan a la sensatez y convoquen elecciones. Permitan que, ahora sí, los ciudadanos catalanes, TODOS, se expresen y voten como en conciencia prefieran. No tomen de modo unilateral, ilegal y minoritario una decisión que afecta a los derechos de todos, incluidos aquellos, la mayoría, que no les apoyan.

domingo, 1 de octubre de 2017

Bochorno e infamia el 1-O

Ha llegado el día nefasto con las consecuencias previstas, pero no por ello menos graves. Puigdemont tiene ahora las imágenes que quería de cargas policiales y profiere discursos cargados de arrogancia y superioridad moral... aunque esta sea ficticia. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, que estaban ahí para cumplir con mandatos judiciales, entre ellos la sentencia del Tribunal Constitucional que declaraba la ilegalidad del referendum, se han visto obligados a actuar por varias razones: en primer lugar, por la pasividad e inacción de los mossos, que han incumplido de modo consciente y deliberado con su responsabilidad y las órdenes de la fiscalía; en segundo lugar, la actitud provocadora, cuando no violenta, de independentistas que buscaban la carga policial para poder dar una imagen al mundo de "represión".

El "referendum", que más bien cabría tildar de plebiscito, ha estado plagado de irregularidades y sin ninguna garantía. El cambio de última hora a un "censo universal" y la posibilidad de votar sin sobre o con votos impresos en casa se une al ya de por sí extenso cúmulo de despropósitos de un proceso que nunca ha sido claro ni transparente y que se ha llevado a cabo con un absoluto desprecio de la legalidad y de las fuerzas de oposición. En democracia, no todo es votar o, para ser más exactos, no de cualquier manera. Ante Evolé, lamentaba haber tenido que hacer las cosas  así pero, añadía, "no había tenido otro remedio". En realidad siempre tuvo otro remedio: convocar elecciones anticipadas. No lo hizo, porque era plenamente consciente de que la tendencia de los últimos años, la sangría de votos del PDCat tras cada elección, continuaría. Los independentistas serán los que hacen más ruido, pero la mayoría de la sociedad catalana muestra ya un hartazgo considerable ante esta situación y la actitud de matón de colegio de los soberanistas.

Es hora de volver a la senda del diálogo, pero uno de verdad, como reza la segunda ley de Nevers sobre el debate, dos monólogos no constituyen un diálogo. Por mucho que se pueda culpar a Mariano Rajoy de no escuchar, siendo justos, no toda la culpa es suya. La antigua Convergencia, ante problemas que afectaban a toda España y que se tradujeron en recortes y el auge de ERC, decidió buscar un enemigo externo (o más bien, interno, el resto de España), retorcer un poco más la realidad (a lo que los muchos años de adoctrinamiento en las escuelas catalanas ha contribuido decisivamente) y subirse sin tapujos a un carro, el del independentismo, que nunca habían liderado... y que siguen sin liderar. Sólo con sentarse a examinar los resultados de las elecciones desde que adoptaron esta estrategia, se observa sin lugar a dudas que cada vez pierden más apoyos que ganan fuerzas más extremistas. ¡Si hasta ahora van de la mano de la CUP! 

Lo más grave es, sin embargo, la crispación social y la polarización producida. Los independentistas se arrogan para ellos el papel de salvadores, libertadores y demócratas ante una España opresora e injusta... el problema es que excluyen también a todos aquellos catalanes que no comparten su visión de las cosas y que se sienten tan españoles como catalanes. Éstos últimos se ven obligados a callar para mantener una cierta paz social o, lamentablemente, para no ser señalados y condenados al ostracismo, sobre todo en localidades pequeñas. Esto no es un ambiente proclive a la democracia, al consenso ni al diálogo.

Puigdemont y su gobierno da por cierta a estas horas la victoria del sí, cosa que nadie ha dudado, ya que la Generalitat Catalana ha puesto a disposición del mismo ingentes recursos institucionales, relegando cualquier crítica. Esto abre la puerta a una eventual declaración unilateral de independencia, una línea roja que tiene difícil vuelta atrás y que sólo puede llevar al desastre. Si aún le queda un mínimo vestigio de dignidad y sentido común, le ruego que recapacite. Haga lo que haga, sin embargo, la justicia le espera.




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