miércoles, 25 de julio de 2018

Curanderos, chamanes y otros charlatanes


Parece difícil pensar que en pleno siglo XXI y en el propio seno de las sociedades supuestamente más avanzadas, se den fenómenos difícilmente compatibles, no sólo con la ciencia, sino con el más elemental sentido común. De todos estos negacionistas de la ciencia, me preocupan poco los terraplanistas (Tios muy divertidos, por cierto, sobre todo desde que dieron por buena la forma esférica de Marte porque, palabras textuales, era un hecho constatado. Aparentemente la física que sirve para otros planetas no se puede aplicar a la tierra) y los partidarios de la tierra hueca. Lo que realmente me preocupa es toda esa horda que predica las bondades de la "medicina natural" y la homeopatía y que huye de las vacunas como de la peste. Ni los unos ni los otros han logrado probar la validez de sus presuntos remedios, más allá del efecto placebo, en el mejor de los casos; y la decisión de no vacunar, nos afecta a todos.

Internet se ha convertido en una verdadera selva donde se anuncian sin tapujos y ofrecen sus servicios verdaderos chamanes pseudocientíficos (charlatanes de tomo y lomo). Gurus quimiofobos partidarios de los remedios naturales o de soluciones milagrosas que valen para todo, como Suplemento Mineral Milagroso (lejía industrial diluida en agua), que te vale para curar del resfriado al vihyel cáncer,según sus defensores, cuentan con canales de youtube, cuentas de facebook y webs con centernares de miles de seguidores. Durante mucho tiempo se ha hecho la vista gorda, se ha minimizado el peligro y se ha pensado que era una decisión sin riesgos: nada más lejos de la realidad. El largo periodo de impunidad ha hecho que los "médicos" (porque nada más lejos de su formación real en casi todos los casos, que haber pisado una facultad de medicina de verdad") que recetan estos remedios se crezcan y den una confianza tal a sus pacientes que estos dejen los tratamientos que sí serían efectivos y les podrían salvar la vida.

No se cortan un pelo. Incluso la mayor empresa homeopática del mundo, Boiron (que vende las pastillas de azúcar más caras del mercado, porque de principio activo no verán ustedes nada), salió a la ofensiva en 2016 para denunciar "una campaña de comunicación sin precedentes contra la homeopatía en España" y, en una rueda de prensa más bien vergonzosa y surrealista, su directora general delegada, Valérie Lorentz-Poinsot, reconoció abiertamente no saber como funciona la homeopatía y limitarse a defender su existencia en la vida real desde hacía 200 años. Ser un error muy longevo no le otorga más valor, pero supongo que el argumento le parecería brillante.

Los antivacunas son unos señores y señoras con muy poca memoria histórica. Seguramente, si leyeran alguna obra clásica (basta con cualquier libro anterior a la Segunda Guerra Mundial) encontrará referencias a muertes por viruela, sarampión, difteria, cólera, paludismo, rabia, infecciones bacterianas variadas y un largo etcetera. Solo las mejoras en los sistemas de salubridad públicos y, fundamentalmente, la aparición de antibióticos y vacunas, hicieron posible el milagro real de reducir la mortalidad infantil a niveles increiblemente bajos y permitir que la mayor parte llegara a la edad adulta con buena salud.

Todo ello está ahora en peligro por "personas concienciadas que han investigado" y que consideran erroneamente que la decisión de vacunar les compete a ellos. Los resultados ya los tenemos a la vista. La inmunidad de grupo se ha visto seriamente afectada al reducirse los porcentajes de vacunación de enfermedades como el sarampión, que el año pasado afectó a decenas de miles de personas y causó 35 muertes en Europa y es un serio problema de salud pública en países tan cercanos como Francia o Italia (y una catástrofe en Rumania, con más de 5.500 afectados y 19 muertes).

Caer en las redes de estas personas sin escrúpulos supone un riesgo claro para la salud, pues si se padece una enfermedad real que requiere tratamiento, el resultado final sólo puede ser uno. Un caso que lo escenifica plenamente es el del estudiante valenciano Mario Rodríguez, que falleció de leucemia en 2013 a los 21 años. Tuvo la mala suerte de cruzarse con José Ramón Llorente, que se vendía a sí mismo con el pomposo título de especialista en "medicina naturista y ortomolecular", y que le convenció para dejar el tratamiento de quimioterapia que había iniciado y no someterse a un transpalante de médula, ofreciéndole como alternativa una dieta y la ingesta de unos complementos alimenticios. Cuando el pobre chico vuelve a la quimio meses después, ha llegado a un punto de no retorno. Además, continua tomando los suplementos recomendados por este caballero, que en el hospital se ven obligados a prohibirlo porque interfieren con el tratamiento.

Julián Rodriguez, el padre de Mario, presentó el 26 de junio de 2015 la “Asociación para proteger al enfermo de terapias pseudocientíficas” en una reunión de Escépticos en el Pub Valencia. Estuve presente en la reunión y su testimonio resultó estremecedor. Inició un largo periplo judicial posterior en el que el curandero que trató a su hijo acabó frente a los tribunales, aunque finalmente haya sido absuelto este año al no quedar acreditado (según la sentencia, aquí tengo un convencimiento moral que su influencia fue clave para el resultado final) que Mario no tomara libremente la decisión de abandonar la quimioterapia.

El Juzgado de lo Penal 10 de Valencia sentenció que "no constituye el objeto de este procedimiento [...] si la denominada “medicina natural” es una alternativa real y eficaz a los tratamientos médicos actualmente existentes contra el cáncer", entiendo que "lo que aquí se analiza es si puede atribuirse la muerte del joven Mario a título de imprudencia grave al acusado [...], lo que a la luz de las pruebas practicadas y en base a las consideraciones expuestas debe rechazarse". Considero que es una argumentación errónea, determinar si la eficacia de la "medicina natural" para un caso como este, de cáncer (leucemia) es esencial, porque si no funciona, cualquier alternativa en este sentido que se ofrezca a un enfermo es un engaño y, por ende, responsabilidad de quien lo recomienda.

Otro caso muy similar al de Mario salió a la luz estos días, relativo a una mujerde Girona, de menos de 40 años y con un tumor muy agresivo en la mama. Ésta rechazó la alternativade quimio y cirugía y llevó acabo una terapia posiblemente homeopática. Cuando acudió finalmente al hospital, el pecho estaba necrosado (su curandero le había dicho que era normal, que significaba que se estaba oxigenando...) y la metástasis invadía su cuerpo, falleció al poco tiempo. El médico que la atendió, Joaquim Bosch, denunció publicamente el caso.

Por todas las víctimas de curanderos sin escrúpulos y para intentar crear conciencia sobre el tema, quiero compartir además el relato que viene a continuación.

Mario, va por ti.



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Mario

Volvía a estar sano. Era una especie de milagro que la medicina oficial no sabía explicar o, más bien, se negaba a aceptar los hechos: me había curado gracias a haberme negado a someterme a la quimioterapia.
Cuando, con veinte años, me anunciaron tras un chequeo rutinario que algunos marcadores tumorales habían dado positivo, y me lo confirmaron definitivamente más tarde, se me cayó el mundo encima; no me lo podía creer. ¿Por qué a mi? ¿No me he cuidado acaso? No es justo. El médico, con cara de circunstancias, me animó a mirar el lado positivo, o lo que él consideraba como tal, que dado el estado del cáncer, las opciones quirúrgicas y farmacológicas muy probablemente terminarían con él.
Aunque sabía que era el tratamiento habitual, me aterraba la idea de que un bisturí me abriera en canal y, sobre todo, los devastadores efectos de la quimioterapia: las nauseas, pérdida de cabello, debilidad general, pérdida de peso. Era una perspectiva que me desasosegaba; tenía que existir alguna alternativa. Mi madre me apoyaba y me animó. Sabía mucho de medicina natural y me consiguió cita con un médico naturópata de su confianza.
El día antes, apenas pude pegar ojo, los pensamientos se agolpaban en mi mente sin dejarme un minuto de descanso; martilleaban mi cabeza de manera inmisericorde. Sólo poco antes del amanecer mi cuerpo se rindió a un descanso febril, Ojeroso, con un nudo en el estómago que me impidió siquiera desayunar, me dirigí a la cita.
La consulta tenía un aire especial, diferente a la de los médicos a que estaba acostumbrado. El doctor, un hombre afable, de voz suave y tranquilizadora, no entró directamente al grano ni me despachó en cinco minutos. Me dedicó tiempo y se preocupó por hacerme sentir cómodo;mucho más importante, me dio esperanza y me informó de la existencia de alternativas. No era necesario dejarse abrir ni ingerir veneno en el cuerpo para curarse. El cáncer, me explicó, es producto de desequilibrios en el cuerpo, con una dieta adecuada y unos complementos alimenticios y vitamínicos adecuados se podía resolver. Parecía sorprendente que los demás médicos no propusieran el mismo tratamiento.
El doctor me hizo darme cuenta de los intereses del lobby farmacéutico, muy poderoso, que compraba las voluntades de políticos, médicos y facultades de medicina para que emplearan sus costosos y dañinos medicamentos, que al mismo tiempo que curaban (y no necesariamente del todo), generaban nuevos problemas para los que ya tenían preparados otros medicamentos que vender. Yo era muy ingenuo hasta entonces y había dado por hecho que lo enseñado en las facultades de medicina sólo buscaba curar al paciente.
Mi padre, por desgracia, seguía cegado por la medicina oficial. Creía a pies juntillas lo que nos había dicho el oncólogo y no aplaudió precisamente mi decisión de someterme a un tratamiento alternativo. Nada se pierde por intentarlo, le decía. Él insistía en que cambiara de parecer. Sé que estaba sinceramente convencido de decirlo por mi bien, pero me mantuve firme y gané.
El doctor me aseguró que en dos semanas desde el inicio del tratamiento notaría una gran mejoría, más energías y una renovación desde dentro, porque echaría fuera toda la porquería que me había causado el cáncer. Se cumplió tal como lo vaticinó. Aunque se lo mostré a mi padre, continuaba incrédulo.
Seis meses después, no quedaba marcador tumoral alguno y todas las analíticas eran de manual. El cáncer se había volatilizado como si nunca hubiera existido. Lo extraño es que mi padre seguía insistiendo en que me sometiera a cirugía y quimioterapia, con aspecto cada vez más suplicante y ojos llorosos. ¿No se daba cuenta acaso que ya estaba curado?

- ¿Cómo se encuentra doctor?
- Lamento tener que decir que bastante mal. La metástasis es imparable y se extiende a todos los orgános vitales. Si me permite serle franco – Dijo el doctor mientras le tocaba afectuosamente el brazo y le miraba con tristeza a los ojos- no pasará de esta semana.
No por previsible fue menos duro el golpe. El padre había intentando hasta el último momento que su hijo se tratara, pero éste había otorgado su confianza a la persona equivocada. Pronto estuvo claro que ni la dieta ni los complementos alimenticios (que no eran precisamente baratos) funcionaban; no solo eso, sino que estaban en ocasiones contraindicados cuando se seguía un tratamiento de quimioterapia.
Sólo cuando su hijo, tremendamente desmejorado, demacrado, con dolores y virtualmente en los huesos no pudo negarse por más tiempo el error y decidió actuar, ya era demasiado tarde. Lo que antes tenía un pronóstico con altas posibilidades de recuperación total, sobre todo dada su juventud, se había convertido en una intratable metástasis. Era demasiado tarde para la quimio. Se estaba muriendo.
El padre rompió a llorar mientras se golpeaba el pecho y las piernas con los puños cerrados.
- ¡Tenía que haberle obligado a venir, aunque fuera a rastras!¡Esto es culpa mía!
El médico
- Me temo que no lo tuvo usted fácil. La mayoría de los vendedores de "medicina natural" o "terapias alternativas" son charlatanes y timadores sin ningún tipo de formación ni titulación médica, aunque más de uno no dude en anunciarse como "médico". En todo caso, cuentan con una colosal labia y la capacidad de detectar las necesidades emocionales de los pacientes; es decir, saben qué quieren oir y se lo dicen - El médico calló y suspiró- Como nosotros tenemos que atenernos a la realidad y no a ilusiones imposibles, resulta complicado competir.
Acariciando el estetoscopio que llevaba al cuello, siguió cabilando.
- Mire, la mayoría de esos desalmados son plenamente conscientes de la inutilidad de sus tratamientos, razón por la cual los venden como "complementarios" a los de la medicina de verdad. De este modo, se curan en salud y evitan demandas por el abandono del tratamiento que realmente funciona. Lo peor del tema es que nunca pueden perder: si se cura, el pobre crédulo lo atribuirá al tratamiento alternativo; si no... no se le podrá acusar de haber interferido negativamente.
El padre escuchaba las palabras del médico, apenas sin procesarlas en su mente; como un murmullo lejano. Sentía rabia contra el embaucador que había destruido la vida de su hijo y le había privado de un futuro. El momento de pedir responsabilidades ya llegaría. Ahora, en la unidad de cuidados paliativos del hospital, lo que habría deseado es poder cambiarse por aquel cuerpo yacente tendido ante él, apenas una sombra del joven lleno de vida de hacía un año, cuya existencia en este mundo estaba sentenciada.
Súbitamente, se nota un pequeño espasmo y parece que hay una débil actividad del cuerpo del hijo. El médico se acerca a examinarle.
- Se le ha dado una fuerte dosis de opiáceos -Señala mientras comprueba la reacción a la luz de sus ojos y los indicadores de los monitores- Siento mucho decirle que, en el estado que se encuentra, no volverá a recuperar la consciencia.
Abre los ojos, aunque embotada, una última chispa de inteligencia parece surgir de aquellos bellos ojos color miel. El padre se derrumba y se lanza cubierto en lágrimas sobre su hijo.
- Papá, ¿por qué lloras si estoy curado?
No es más que un pensamiento. Los ojos se vuelven a cerrar. Esos párpados no volverán a abrirse jamás.

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