Egipto
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domingo, 7 de julio de 2013

Consideraciones políticas sobre los golpes de estado y los eufemismos

Hay en política internacional quien prefiere ver los hechos en blanco y negro, pero las cosas no son siempre tan claras y existe una infinita gama de grises que pueden hacer que lo malo no lo sea tanto, y que la solución correcta pueda ser la equivocada. El caso de Egipto es de manual. La reacciones de la mayoría de países y organizaciones internacionales y regionales han sido, como poco, de una extremada prudencia y contención, lamentando el derrocamiento de Morsi, pero sin rasgarse en exceso las vestiduras.

Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, durante una rueda de prensa. Fuente: World Economic Forum con licencia Creative Commons
Hagamos un breve resumen:

jueves, 4 de julio de 2013

Morsi ha sido depuesto: ¿Una oportunidad para reconducir la Revolución por la senda democrática?

Si hace apenas 24 horas lamentaba que la transición en Egipto era una oportunidad democrática secuestrada por el islamismo, hoy el escenario ha cambiado radicalmente. Finalmente, los militares han cumplido con el ultimatum de 48 que concedieron y han derogado la constitución y destituido a Morsi. Provisionalmente será el presidente del Tribunal Constitucional, Adly Mansur, quien asuma de modo interino la jefatura de Estado en lugar de Morsi y convocará elecciones anticipadas para elegir nuevo presidente. Las fuerzas militares han sido desplegadas a fin de evitar violencia y pillajes y se mantiene una especial vigilancia de puntos claves, como la universidad de El Cairo, canales de televisión y sedes ministeriales.

Plaza de Tahrir con ambiente festivo. Fuente: La Voz

martes, 2 de julio de 2013

Transición en Egipto: oportunidad democrática secuestrada por el islamismo

La principal consecuencia de la llamada Primavera Árabe en Egipto fue la caida casi inesperada de un régimen autocrático que había resistido con notable salud durante décadas y cuyo fin, al igual que pasara con la caida del muro de Berlín, pilló a todos por sorpresa. Las consecuencias y retos a que se enfrenta el país, pasa por resolver correctamente la transición del viejo al nuevo régimen y no defraudar las expectativas democráticas de aquellos que apoyaron las revueltas con verdaderas ansias de libertad. Sin embargo, nada de ello ocurre en Egipto.

Fin del Ramadan de 2011 en Tahrir. REUTERS/Mohamed Abd El-Ghany con licencia Creative Commons obtenida de oxfamnovib
La elección de Mohamed Morsi, vinculado a los Hermanos Musulmanes, frente a Ahmed Shafik, antiguo hombre de Mubarak, por un escaso margen, se debió más a las reticencias de la población a dar su apoyo a un antiguo miembro del gobierno recién depuesto, que a su carisma o confianza en su capacidad de resolución de problemas. El tiempo no ha hecho más que fortalecer esa impresión inicial. En cualquier caso, se trató de un caso sin precedentes en la historia de Egipto: un gobierno salido de unas elecciones democráticas y razonablemente limpias.
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Maira Gall