Hace apenas diez años,
los más adelantados entendieron que era algo vital encontrar
un espacio en la red porque era lo "moderno", lo que
representaba una ruptura con la política tradicional, aunque,
visto ahora, parece ingénuo haber otorgado tanta importancia a webs
que eran poco menos que largos monólogos de autobombo, puesto que la
comunicación era unidireccional e impersonal. Es ahí donde
radica la clave del paso a la política 2.0: la interactividad en tiempo real.
Antes, a causa de la lentitud de las conexiones a internet y que
no era tan común contar con un ordenador en casa, no era viable
un diálogo fluido. En la actualidad, el abaratamiento de los equipos
informáticos, sobre todo los portátiles, la popularización de las tablets y la extensión a los
móviles de aplicaciones hasta hace poco reservadas a
los ordenadores, han aumentado exponencialmente las posibilidades
de individualización de los mensajes, ajustándolos mejor a su
receptor.