No existe transición fácil, sobre todo cuando la situación económica, social y política es tan complicada como en el Egipto actual. Como ya señalé en un
artículo anterior, Egipto se enfrenta a numerosos retos. Morsi ha logrado hasta ahora vencer en las urnas, por un margen exiguo, y aprobar un borrador de constitución impopular por amplia mayoría (dos tercios) de una participación que no llegaba al tercio del censo electoral. Sin embargo, no ha logrado a día de hoy estabilizar un país donde su divisa se hunde cada día más, el paro es rampante y los disturbios con fallecidos son el pan nuestro de cada día. El ejército se ha mantenido relativamente al margen durante los disturbios y desde que cedió el poder al nuevo presidente en junio del pasado año. Incluso se ha ofrecido a mediar en el diálogo entre gobierno y oposición. Queda por ver cuanta paciencia le queda si Morsi sigue sin poder frenar la violencia y el caos que se apodera del país durante mucho más tiempo.
Uno de los mayores temores de la sociedad egipcia es la reedición del régimen de Mubarak, esta vez bajo bandera islamista, que sea aún peor que el original. Razones no les faltan para pensarlo, pues su llegada al poder no ha servido precisamente para dar libertades, sino para utilizar todos los instrumentos y leyes represivas del anterior gobernante y usarlas a su antojo, blindando alguna de ellas. Sin ir más lejos, la inclusión en la Constitucion de un artículo que elevaría la blasfemia a delito constitucional, no es más que una perpetuación del
artículo
98F de su código penal de 1937. Dicho artículo ha actuado como ley contra la blasfemia al establecer que un
“Confinamiento por un periodo de no menos de seis meses y
que no exceda de cinco años, o una multa de no menos de 500 libras y
que no exceda de 1000 libras, puede ser aplicada a quien use la
religión para propagar, ya sea de palabra, por escrito u otros
medios, ideas extremistas con el propósito de incitar a la
sedición, ridiculizar o insultar una religión celestial o secta
derivada de esta, o dañar la unidad nacional". Además, la aplicación de la
ley es básicamente cuando se "ofende" al Islam. El
insulto, acoso y abuso hacia las demás religiones está tacitamente permitido,
cuando no directamente incentivado; sobre todo en lo referente al
judaismo. Por si esto no fuera poco, el artículo 31 de la nueva constitución establece la prohibición de insultar o mostrar desprecio por cualquier ser humano.
La inclusión en la nueva constitución egipcia de la
Universidad de
al-Azhar es una verdadera institucionalización de la censura, ya que hace mucho más que propagar la cultura y religión islámica. En su página web, al hablar de la
Islamic Research Academy, se dice textualmente que se encarga de
controlar todas las publicaciones que vayan contra el Islam (Sin especificar demasiado qué supone ir contra el Islam). Aunque esta capacidad censora no es nueva. Desde 2004 puede
ordenar el secuestro y confiscación de cualquier
publicación. Todo lo anterior obliga a
académicos, medios de comunicación, escritores y otros a
autocensurarse y perder buena parte de su libertad de expresión si
no quieren verse acusados de difamación o blasfemia por conceptos tan vagos como
quebrantar la "paz social", "la unidad nacional"
o "los valores públicos". Según un
informe del
Arabic Network for Human Rights Information,
en los primeros 200 días desde que Morsi accedió al poder se han dado
ya más casos de demanda por difamación y blasfemia que durante los 120
años anteriores.
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| Arte copto |
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