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domingo, 12 de noviembre de 2023

Atatürk y cien años de kemalismo en Turquía, una recapitulación

Mustafa Kemal Atatürk (1881-1938), reconocido militar y estadista turco, fundador de la moderna República de Turquía, fue un hombre que llegó en el momento adecuado al lugar adecuado. Nacido en Salónica, actualmente Grecia, pero en aquel momento parte de los dominios del Imperio Otomano, se formó en un liceo militar, donde se aplicaba una educación de corte occidental, y destacó por su capacidad de trabajo, ambición y análisis de la situación del Imperio Otomano en relación con el resto del mundo. 

No hay que olvidar que, a finales del siglo XIX, éste era apenas una sombra de lo que había llegado a ser, con un control puramente nominal en países como Egipto, que eran de facto independientes, y más que endeble en otros como Siria o Palestina. Las reformas llevadas a cabo en el periodo comprendido entre 1939 y 1876, conocidas colectivamente como Tanzimat, para modernizar las estructuras del estado y hacer frente a la presión de las potencias occidentales, si bien no sirvieron para evitar la desintegración posterior del Imperio, si tuvieron la virtud de sentar las bases para la creación de la actual Turquía, que surgió de las cenizas de la Primera Guerra Mundial.

Mustafa Kemal era consciente de esta debilidad e impulsó y tomó parte desde bien joven en actividades revolucionarias que buscaban modernizar el Imperio Otomano y acercarlo a los cánones de Occidente, sin perder su esencia propia. En la academia militar, donde se graduó en 1905 como capitán de Estado Mayor, editó un periódico clandestino y organizaba reuniones secretas; al ser descubiertas, ello le valió ser destinado a Damasco como castigo, si bien continuó con sus actividades y fundó en 1906 el movimiento Vatan ve Hürriyet (Patria y Libertad), que acabaría integrándose en el Comité de Unión y Progreso, más conocido como Jóvenes Turcos. 

Los Jóvenes Turcos restaurarían en 1908 el parlamento que el sultan Abdul Hamid II (1842-1918) había disuelto sine die en 1878 y gobernaron hasta el fin de la Gran Guerra, pero no pudieron evitar la debacle posterior del Imperio. En ese mismo periodo, Mustafa Kemal se labró una merecida fama como militar competente y carismático, siendo su hazaña más conocida la defensa de Galípoli en 1915 frente a las fuerzas conjuntas británicas, francesas y de los ANZAC (australianos y neozlandeses). En un contexto de fuertes derrotas, mantener este punto clave fue toda una inyección de moral y orgullo para los turcos.

Nada pudo evitar, sin embargo, la capitulación turca en 1918, con la pérdida de los territorios étnicamente no turcos, y la firma del infame Tratado de Sévres, que pretendía repartir lo que quedaba de Turquía, básicamente la península de Anatolia, entre las potencias vencedoras. De haberse llegado a ratificar, habría supuesto la desaparición de Turquía para siempre. En su lugar, Mustafa Kemal abandonó Estambul de incógnito en el vapor Bandirma, con destino a Samsun, situado en la costa del Mar Negro y creó de facto un gobierno alternativo al del sultán: el Movimiento Nacional Turco, cristalizado en torno a los congresos de Erzurum (23 de julio) y Sivas (4 de septiembre) en 1919.

Solo unos pocos años separan estos dos mapas, uno previo a la Gran Guerra y el otro en torno a 1923. El Imperio Ruso desaparece, como igualmente lo hace Austro-Hungría y el Imperio Otomano, para dejar paso a nuevos países
 

Lo que siguió fue una larga Guerra de Independencia, en la que las potencias ocupantes se fueron retirando progresivamente; algunas mediante acuerdos, como Rusía en marzo de 1921, e Italia y Francia en octubre de 1921, disminuyendo así los frentes abiertos para el Movimiento Nacional, que pudo centrarse el único enemigo restante: los griegos, cuyo ejército sería duramente dañado en la batalla de Sakarya, (23 de agosto a 13 de septiembre de 1921), encabezada por Ismet Inönü, debiendo replegarse a su base en Esmirna tras más de 20 días de duros combates.  La guerra concluiría con la firma del Tratado de Lausana en julio de 1923, que reconocería las fronteras actuales de Turquía así como el gobierno de Mustafa Kemal, confirmando la pérdida de todos los territorios fuera de la península de Anatolia, salvo una pequeña sección de Tracia Oriental.

El 29 de octubre de 1923, la Asamblea Nacional proclamó formalmente la República Turca, terminando con el sultanato (el califato sería abolido en 1924, así como la sharia) y nombrando a Mustafa Kemal como su presidente, a quien le esperaban retos formidables. Años de guerra, habían dejado al país en un estado económico lamentable, con infraestructuras, que ya eran deficientes previamente, todavía peores, y con una sociedad atrasada a la que debía dar un nuevo impulso.

Atatürk enseñando el nuevo alfabeto turco en Kayseri, 20 de septiembre de 1928. Imagen de dominio público. Fuente: Wikipedia
 

Hasta su muerte, el 10 de noviembre de 1938, Mustafa Kemal llevó a cabo importantes reformas en el país, comenzando por la aprobación de una nueva constitución en 1924. La implantación del Código Civil suizo en 1926, termina con la poligamia, introduce el matrimonio civil, elimina el divorcio por repudio y da iguales derechos a las mujeres en relación a las herencias. El estado turco es declarado laico en 1928, circunstancia que se ha mantenido en todas las constituciones turcas hasta la fecha. La adopción del alfabeto latino en 1928, fue de vital importancia, puesto que facilitaba la escritura de la lengua turca, así como la alfabetización de la población, que de modo masivo fue llamado a aprenderlo. Además, se eliminaron palabras extranjeras, árabes y persas en su mayoría, turquificando todavía más la lengua. La educación primaria pasó a ser universal y gratuita, así como la secundaria, que además se volvió mixta. La reforma de los apellidos en 1934, otorgó a todo ciudadano turco uno, en sustitución de la tradición islámica de dar sólo un nombre, siéndole otorgado a Mustafa Kemal por el Congreso el de Atatürk (padre de los turcos).

Atatürk fue un gran defensor de los derechos de las mujeres, entendiendo que eran parte esencial de la sociedad y que no podían quedar constreñidas al hogar y funciones meramente reproductivas. Promovió activamente su educación y entrada en el mercado laboral en las mismas condiciones que los varones y les otorgó el derecho a voto y ser elegidas en elecciones locales en 1930 (se ampliaría este derecho a las nacionales en 1934), mucho antes que otros países presuntamente progresistas.

El sistema de gobierno en vida de Atatürk fue de partido único la mayoría del tiempo, si bien realizó esfuerzos por sentar las bases para la creación de un estado democrático con elecciones competitivas, alentando la existencia de ciertos niveles de oposición. Su prematura muerte le impidió ver realizado su sueño, pero su sucesor, Ismet Inönü, logró consolidar el sistema e iniciar, tras la Segunda Guerra Mundial, el primer periodo de verdadera democracia competitiva en Turquía.

Turquía le debe mucho a Inönü, que pese a sus diferencias personales con Atatürk, con quien no siempre se llevó bien, logró consolidar su legado y conducirlo hábilmente a Turquía como país neutral durante la Segunda Guerra Mundial

Los desafíos a su legado han sido, especialmente tras dos décadas de gobierno islamista de Erdogan, colosales, pero el respeto reverencial con que Atatürk sigue siendo percibido en Turquía, incluso por muchos votantes del Erdogan, son signos indudables de la salud de la herencia que dejó para el pueblo turco. Nunca tuvo hijos propios que continuaran su legado, pero adoptó ocho huérfanos, entre los que estaba Sabiha Gökçen, quien llegaría a ser la primera mujer piloto de combate en las fuerzas armadas turcas. Atatürk dio una gran importancia a la infancia, prueba de lo cual es que la fecha elegida para celebrarlo, el 23 de abril, que coincide con la fecha de fundación de la Gran Asamblea Nacional de Turquía. El Día Nacional de la Soberanía y la Infancia está además dedicado a los niños de todo el mundo, en quien veía los protectores de la soberanía e independencia.

La cantidad de bibliografía sobre el periodo republicano y la figura de Atatürk en turco es simplemente inabarcable. En castellano, no recuerdo haber encontrado nada apenas, con una honrosa excepción, pero en inglés existe una ingente cantidad de material, de la que haré una selección bibliográfica para quien desee conocer más.


Biografías de Atatürk:

- Atatürk - The founder of Modern Turkey. Salâhi R. Sonyel. Turkish historical Society Printing House.

 - Atatürk. The rebirth of a nation. Patrick Kinross. Phoenix paperback. Fue la primera biografía que leí y es un clásico dentro de las dedicadas a Atatürk.

- Atatürk. Andrew Mango. John Murray (publishers). Complemento perfecto de la anterior, entra en mayor profundidad en la complejidad del hombre que se esconde detrás del mito.

- Atatürk. Jorge Blanco Villalta. Como curiosidad, se trata quizá de la primera biografía de Atatürk, publicada en 1939 por quien fuera vice-consul en Estambul entre 1930-1935, y ferviente admirador de su persona y las reformas que llevó a cabo. Mi edición, sin embargo, es una traducción inglesa publicada por la Türk Tarih Kurumu.

-The young Atatürk. George W. Gawrych. I.B.Tauris. Excelente biografía centrada en sus años de formación militar y hasta el fin de la Guerra de Independencia Turca.

- Mustafa Kemal. Yilmaz Özdil. Kirmizikedi. No es exactamente una biografía al uso, sino que recopila hechos y anécdotas de su vida presentados como textos breves.

 

Aspectos políticos y sociales del kemalismo:

- Elites and Religion. From Ottoman Empire to Turkish Republic. Kemal H. Karpat. Timas Publishing. La religión era componente esencial del Imperio Otomano y el actual secularismo turco y sus desafíos por parte del islamismo político sólo se pueden explicar por la relación de sus élites con la religión.

- The Atatürk Revolution. A paradigm of modernization. Suna Kili. Türkiye Bankasi, Kültür Yayinlari. Hasta su prematura muerte, Atatürk introdujo reformas en el país que iban mucho más allá de lo meramente económico, sentando las bases para una democracia duradera que siguiera los seis principios que marcó: republicanismo, nacionalismo, populismo, estatismo, laicismo y reformismo.

- From Empire to Republic. Essays on the late Ottoman Empire and Modern Turkey, vol 1 and 2. Feroz Ahmad. Istanbul Bilgi University Press. Estos dos volúmenes recogen una selección temática de ensayos sobre las ideas de modernización desde el Imperio Otomano hasta Atatürk, así como la percepción desde dentro y fuera del Imperio de la revolución de los Jóvenes Turcos, entre otras cuestiones.

- Turkish politics. Making sense of Nation, Identities and Ideologies. Michelangelo Guida. Orion. De reciente publicación, se trata de un verdadero manual universitario para comprender de modo sencillo la política turca desde el tanzimat hasta la actualidad, tocando cuestiones espinosas como el nacionalismo kurdo.

- The Turkish experiment in democracy 1950-1975. Feroz Ahmad. Westview Press. De carácter marcadamente académico y difícil de encontrar (se publicó en 1977), este libro recorre de modo pormenarizado el desarrollo de la democracia turca, desde el sistema de partido único kemalista, hasta su liberalización y fracasos relativos, examinando el golpe de estado de 1960 y la intervención militar de 1973.

Historia del Imperio Otomano-

- Discovering the Ottomans. Ilber Ortayli. Kronik Books. Ameno libro sobre la sociedad otomana con gran conjunto de anécdotas.

- The Ottoman Empire. Sultan, Society and Economy. Halil Inalcik. Kronik Books. Extenso y bien documentado libro que recoge sobre todo el periodo de mayor gloria del Imperio Otomano, centrándose especialmente en el siglo XV.

- The Ottoman Empire and Europe. The Ottoman Empire and Its Place in European History. Kronik Books. Este libro examina las conexiones e influencias recíprocas entre Europa y el Imperio Otomano, pues no debemos olvidar que hubo desencuentros, pero también múltiples encuentros que resultan hoy desconocidos para el gran público.

- The Empire´s longest century. Ilber Ortayli. Kronik Books. Este libro analiza el siglo XIX turco, que resultó vital por sus reformas, especialmente el tanzimat, que aunque no lograra frenar la desintegación del Imperio, sí que permitió crear el caldo de cultivo adecuado para que apareciera un personaje como Atatürk y lograra que sus reformas prosperasen.

- Living in the Ottoman lands. Identitites, Administration and Warfare. Editores Hacer Kiliçaslan, Ómer Faruk Can y Burhan Çaglar. Kronik Books. La enormidad y complejidad del Imperio Otomano hacía que éste no fuera homogeno ni uniforme, conviviendo muchos grupos étnicos, sociales y religiosos dentro de sus fronteras, cuyas relaciones se examinan en este libro.

Espero que os haya resultado interesante el artículo y las referencias bibliográficas os permitan ahondar más en la fascinante historia de Turquía. 

Por cien años más de kemalismo. ¡Yasa, Atatürk!


domingo, 13 de junio de 2021

Boys, be ambitious: Un Japón en desarrollo

Existen frases que pasan desapercibidas al inicio, pero que con el tiempo adquieren reconocimiento por un conjunto de circunstancias, no siempre fáciles de explicar. Este es el caso en Japón del "Boys, be ambitious" (Chicos, sed ambiciosos), del norteamericano William Smith Clark (1826-1886), quien pasó apenas ocho meses, entre 1876 y 1877, en el país reorganizando el Colegio de Agricultura de Sapporo, que sería la base de la actual Universidad de Hokkaido.

William S. Clark en 1876. Fuente: Wikimedia
 

La segunda mitad del siglo XIX en Japón, fue de cambios vertiginosos. El país había estado virtualmente aislado del exterior durante más de doscientos años, desde que el tercer Shogun, Tokugawa Iemitsu, decretara en 1839 el Sakoku, la prohibición de contacto entre japoneses y extranjeros, con dos salvedades. Por un lado, el contacto con occidentales (en puridad sólo holandeses) quedó limitado a la isla artificial de Dejima, frente al puerto de Nagasaki. Coreanos y chinos, por su parte, podían comerciar a través de la isla de Tsushima, ubicada al norte de Nagasaki, entre Japón y el continente asiático, y del reino de Ryukyu (con una fascinante historia como reino independiente hasta que fue formalmente disuelto y anexionado a Japón como la prefectura de Okinawa en 1879).

Este aislamiento se rompería con la segunda visita del Comodoro Perry al mando de sus "barcos negros", que forzó la firma del Tratado de Kanagawa y, aunque a la fuerza y en términos muy desiguales, abrió Japón al mundo. Tras los norteamericanos, vinieron las demás potencias occidentales de la época. Los japoneses, justamente indignados, pero sin poder hacer nada por ser conscientes de su inferioridad en términos tecnológicos, sufrieron una verdadera conmoción que terminó con la caida del Bakufu y la restauración del poder imperial.

El emperador Meiji, junto con una clase dirigente activa y práctica, la oligarquía Meiji, inició un ambicioso programa de reformas que permitiera a Japón ponerse a la altura de las mismas potencias que ahora les miraban con condescendencia. Se enviaron misiones al extranjero, como la famosa misión Iwakura, que tenían un triple objetivo: el reconocimiento del recientemente reinstaurado poder imperial; el inicio de la renegociación de los tratados desiguales; y, por último, un estudio en profundidad de los modelos industriales, políticos, militares y educacionales occidentales.

Aquí es donde entra nuestro hombre en la historia, o casi. Primero toca aclarar que la isla de Hokkaido de hoy día, con sus más de cinco millones de habitantes completamente asentados, poco tiene que ver con la verdadera frontera del norte que suponía en la segunda mitad del siglo XIX. Situada en la zona más septentrional de Japón, su clima en invierno es agreste y frio, con intensas nevadas, pero sus tierras cultivables suponen un cuarto del total de todo Japón. Por su valor económico y estratégico, y para evitar que el apetito ruso, que se llevó a las Kuriles y Sajalín, acabara fagocitando Hokkaido, el gobierno Meiji quiso impulsar la agricultura y, con ello, el control de la zona.

Siguiendo su política de invitar, con promesa de generoso pago, a expertos extranjeros en diferentes materias, en 1876 pisó suelo japonés el señor Clark, quien fue reclamado por su experiencia en reorgaizar establecimientos de enseñanza superior, en concreto el Massachusetts Agricultural College de su estado natal (actual Universidad de Massachusetts Amherst), fundado en 1863 y del que fue presidente de 1867 a 1879. 

En ocasiones, las mejores intenciones e ideas pueden no llegar a aplicarse por encontrar oposición o pura desidia, pero Clark tuvo la fortuna de contar con el apoyo entusiasta tanto del gobierno Meiji como del gobernador de Hokkaido de la época, Kuroda Kiyotaka (1840-1900), quien llegaría a ocupar el cargo de primer ministro, con quien mantuvo una magnífica sintonía personal, siendo mutuo el respeto que se profesaban. De hecho, la influencia de Clark fue tal que llegó a asesorar en relación a cómo convertir en colonos permanentes a pescadores migratorios y al establecimiento de industria ligera.

Por su parte, la personalidad de clark dejó impronta en sus estudiantes, pues transmitió los valores de diligencia y abstinencia de su educación puritana, usando ejemplos de la biblia en un momento que todavía no estaba permitido en el país. Estos valores, dada la tradicional mentalidad japonesa de sacrificio y esfuerzo, calaron especialmente bien en un momento en que se daban perfecta cuenta de lo que la formación y su éxito significaban para el bien común.

Acompañamiento a caballo a William S. Clark,segundo por la derecha, el día de su partida. Fuente: Twitter Universidad de Hokkaido
 

Cuando Clark partió a caballo, una concurrida comitiva le siguió hasta 20 km después de Sapporo y fue durante su despedida final cuando dijo su inmortal frase: "Boys, be ambitious". El tiempo y la leyenda han ido creando añadidos, pero no se conocen referencias escritas a esa frase hasta 1894, lo que no significa que no se dijera, sino que el reconocimiento de su importancia y el orgullo generado por lo conseguido por Clark tardó tiempo en ser asimilado, no dándose especial importancia a la frase hasta después.

Inclusive, para acabar de aclarar que no se refiere a la mera ambición de riqueza o fama, se añade: "Sed ambiciosos, pero no por el dinero ni por el engrandecimiento egoísta, no por esa cosa efímera que los hombres llaman fama. Sed ambiciosos por el logro de todo lo que un hombre debe ser"

Debo reconocer que me gusta el mensaje. La sana ambición busca el crecimiento personal, pero no a costa de otros. Creo que es positivo y entiendo verdaderamente el éxito que ha tenido. Entender además el contexto en que se dijo, da una visión mucho más rica y connotaciones más amplias que oirlo sin más. La era Meiji fue verdaderamente épica, con luces y sombras, pero rica intelectualmente y dio al mundo un nuevo actor internacional.

Lamentablemente, la sana ambición de Clark no era compartida por todos sus correligionarios norteamericanos , especialmente por su socio John R. Bothwell, en la compañía minera que dirigieron juntos hatsa 1882, Clark & Bothwell. Las prácticas deshonestas de este caballero, destruyeron la reputación de Clark y le llevaron a la ruina económica. Con toda seguridad contribuyeron a llevarle a la tumba de un ataque al corazón con apenas 59 años. Así, mientras que en su país ha sido casi olvidado, en Japón, especialmente Hokkaido, se han eregido estatuas en su honor, lo que considero un tratamiento más justo para su figura.


Fuentes:

-  https://www.lib.hokudai.ac.jp/en/collections/clark/boys-be-ambitious/

-  https://en.wikipedia.org/wiki/William_S._Clark

-  https://en.wikipedia.org/wiki/Hokkaido

- https://eloctavohistoriador.com/2018/10/26/sabias-que-xxxi-dejima-una-isla-solo-para-holandeses-en-japon/

-  https://es.wikipedia.org/wiki/Reino_de_Ry%C5%ABky%C5%AB

-  https://en.wikipedia.org/wiki/Iwakura_Mission

jueves, 16 de abril de 2020

Dersú Uzalá: reminiscencias de un mundo en desaparición

Rusia es un país extraordinario en muchos sentidos, especialmente su extensión geográfica, dado que no en vano es el país más grande del mundo y lo ha sido durante cientos de años. Buena parte de esta vasta extensión se encuentra relativamente deshabitada y habitada por una variedad étnica mucho más rica de lo que podríamos imaginar; sin contar con una naturaleza virgen y salvaje, todavía razonablemente libre de la acción del hombre. Esto era todavía más cierto en los últimos tiempos de la Rusia zarista, cuando la civilización iba alcanzando poco a poco los confines más remotos de su territorio y se enviaban expediciones cartográficas a finales del siglo XIX y principios del XX.


El nombre de Vladimir Arseniev (1872-1930) puede que no diga nada a la mayoría, pero este célebre naturalista, geógrafo y expedicionario ruso, en cuyo honor se ha bautizado con su nombre montañas, glaciares, una ciudad e incluso el eje de delimitación de dos hábitats diferentes, es el responsable de haber ofrecido sincero e inmortal homenaje a un buen amigo que le acompañó en su recorrido por la cordillera Sijoté-Alín, situada en el extremo oriente ruso y que corre de norte a sur en paralelo al mar de Japón (para que se hagan un idea más concreta, su latitud viene a ser la de la isla de Sajalín, situada al norte de la isla de Hokkaido en Japón): Dersú Uzalá.

lunes, 22 de abril de 2019

Anochecer de Isamov y Silverberg: una reflexión sobre el fin de la civilización

La ciencia ficción literaria tiene mucho más de realidad que muchos libros denominados de no-ficción. Por variados que sean los temas, muchos de estos trabajos son una mera traslación del mundo real; sus debilidades y fortalezas. En todo caso, siempre sirve para hacernos reflexionar sobre cuestiones a las que no solemos prestar atención y relegamos a un lado.


De la colaboración conjunta de dos grandes del género, como son Isaac Asimov y Robert Silverberg, surgió la novela Anochecer, una obra original en su planteamiento, que se centra más en el fin de la civilización por cuestiones meramente psicológicas, más que como producto de una catástrofe física producida por meteoritos gigantescos, la contaminación o guerras nucleares.

miércoles, 4 de abril de 2018

Un notario español en la Rusia de los Soviets

El triunfo de la Revolución Bolchevique atrajo una inmensa atención en todo el mundo y no dejó a nadie indiferente. Las posiciones en la prensa y literatura de la época estaban muy enfrentadas y era difícil hacerse una idea real de qué ocurría realmente en un país tan grande. Con el término de la guerra civil que sacudió el país, se hicieron inmediatamente populares los viajes de intelectuales occidentales, la mayoría convencidos comunistas o de izquierdas, con una visión tremendamente complaciente de lo que veían y muy pocas críticas, que deseaban conocer las bondades del nuevo sistema. En la época, sólo unos pocos como Herbert George Wells, Arthur Koestler o André Gide, hombres de izquierdas no obnubilados en su juicio por el dogmatismo, se atrevieron a criticar el régimen soviético. Esto les valió a su vez serios ataques por parte de la intelectualidad de izquierdas occidental.


Entre los intelectuales europeos que visitaron Rusia en las dos primeras décadas tras la Revolución, también se cuentan un buen número de españoles, algunos de los cuales ocuparon puestos de responsabilidad en el gobierno de la II República, quienes publicaron las impresiones de su viaje: Fernando de los Rios (Mi viaje a la Rusia Soviética), Ángel Pestaña (Setenta días en Rusia, 1924, si bien el texto narra su viaje de 1920), Isidoro Acevedo (Impresiones de un viaje a Rusia, 1923), Julio Álvarez del Vayo (La nueva Rusia, 1926; Rusia a los doce años, 1929), Rodolfo Llopis (Como se forja un pueblo. La Rusia que yo he visto, 1929), Julián Zugazagoitia (Rusia al día, 1932) y, por último, Diego Hidalgo Durán, que ocuparía el cargo de Ministro de la Guerra y sofocaría la Revolución de Asturias de 1934, con el libro que nos ocupa, Un notario español en Rusia, 1929.

viernes, 5 de febrero de 2016

El Japón Meiji: un mundo en transformación. (1) Una introducción.

Como apasionado de la historia y particularmente de Japón, me parece fascinante el modo en que se desarrolló su historia a partir de la apertura forzosa al exterior en 1854. Para ver en perspectiva como pasaron de parias a potencia, hay que comenzar por el momento que cambió el rumbo de la historia japonesa para siempre.

La batalla de Sekigahara (1600), puso fin a las guerras intestinas que habían asolado Japón durante años. Aunque no fue hasta 1615 cuando Ieyasu Tokugawa derrotó definitivamente a lo que quedaba de los ejércitos de Toyotomi Hideyoshi, refugiados en el castillo de Osaka.
Detalle de pintura que recrea la batalla de Sekigahara. Fuente: Wikipedia con licencia Creative Commons
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