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domingo, 26 de octubre de 2025

Una mirada distópica: Los ojos de Heisenberg

Frank Herbert (1920-1986), nos dejó más obras de interés aparte de la saga Dune, aunque no necesariamente con el mejor de los acabados. Este es el caso de "Los ojos de Heisenberg", una novela de ciencia ficción dura publicada en 1966, sólo un año después de Dune y finalista del premio Nébula del mismo año.


La historia se sitúa en un futuro distante, dominado por los optimen (una suerte de humanos inmortales merced a la manipulación genética, pero que no pueden tener descendencia), que mantienen el control de una sociedad fuertemente estratificada en que sólo unos pocos individuos son autorizados para procrear, siendo estériles la mayoría. Existen resistencias dentro de dicha sociedad, como los ciborgs y los padres clandestinos, pero el verdadero desencadenante de la acción es la aparición de un embrión único, con potencialidad de optimen pero no afectado por su esterilidad. A partir de ahí se desencadena una persecución trepidante y se desestabiliza un sistema que ha durado miles de años.

Sin embargo, como decía el propio Miquel Barceló en el prólogo a la edición española de NOVA, la novela puede resultar algo decepcionante en su final, quizá demasiado precipitado. Coincido en que éste resulta algo forzado, como un cierre apresurado de una novela que sería el preludio de otra más larga o de una serie, pero no por ello exento de interés.

Herbert trata uno de sus temas favoritos, el de la manipulación genética, que era una verdadera novedad en su época. No hay que olvidar que fue en 1953 cuando se descubrió finalmente la estructura de doble hélice del ADN y se abrió un nuevo mundo de posibilidades para la detección y el tratamiento de todo tipo de enfermedades o, posiblemente más inquietante, la manipulación genética para la elección a la carta de ciertas particularidades fisiológicas o de inteligencia. Otros elementos que vemos en la saga Dune, como la posibilidad de que se transmitan los recuerdos de modo genético, aparece como una suerte de desideratum.

Los paralelismos con "Un mundo feliz" (1932), de Aldous Huxley, no son meramente implícitos, sino que además se hace mención expresa al mismo en el texto. En esta sociedad fuertemente estratificada, sus integrantes son condicionados de tal modo que no sientan que lo están ni pongan en duda el mando de los optimen; los disensos que ocasionalmente ocurren, son generalmente resueltos de modo discreto.

La novela me ha gustado, pero lamentablemente creo que le falta algo. Los personajes creo que requieren un poco más de desarrollo y el final, que ya he calificado de abrupto, considero que lo es porque realmente el proyecto inicial de Herbert fue más largo. Estoy seguro que otras trescientas páginas habrían permitido una novela brillante y sin crítica. En todo caso, la obra muestra el genio del creador de Dune, quien se fue demasiado pronto.

sábado, 9 de agosto de 2025

La dependienta de Sayaka Murata: una mirada al Japón más desconocido

Keiko Furukura tiene 36 años y trabaja por horas en un konbini. Esta es la base argumental sobre la que se articula la décima novela de la japonesa Sayaka Murata (1979), "La dependienta" ganadora del prestigioso premio Akutagawa en 2016 y que, tras una trama aparentemente simple, esconde una complejidad y profundidad que merece ser analizada, no faltando tampoco ciertos tintes autobiográficos en la misma.

Portada de la edición española de "La dependienta"

Nadie es una burbuja aislada, menos aún el escritor. Las experiencias personales y el ambiente en que se desenvuelve acaban siendo reflejados en sus novelas, lo que en caso de Sayaka Murata es bastante literal. Ella misma ha trabajado a tiempo parcial durante 18 años en un supermercado; incluso ahora que es una autora consagrada, trabaja a tiempo parcial en el comedor de su editorial tokiota, pues ella misma explica que se trata de una rutina que le permite seguir con su labor como escritora.

La protagonista de la novela sabe que es diferente desde que era niña; sus reacciones excesivamente racionales y con una aparente falta de empatía le conducen a ciertas fricciones con otros estudiantes y profesores, así como causa preocupación a su familia, pero aprende a pasar desapercibida. Sin ser experto en la materia, podríamos estar ante un caso de Asperger, y en la sociedad japonesa, ser diferente no es sencillo.

Casualmente, durante su etapa universitaria, comienza a trabajar en un konbini recién inaugurado, descubriendo que el trabajo le apasiona, sobre todo lo estructurado y organizado, siguiendo una directrices y esquemas claros de los que no hay que salirse. Así, pasan 18 años y ella es la única de las personas que inauguraron el local y, además de trabajar por horas en él cinco días a la semana, sigue soltera.

Aquí toca hacer varios incisos. El sistema laboral japonés puede resultar (y de hecho resulta) algo extraño para el occidental medio. Si una persona quiere tener un empleo estable, debe someterse al shukatsu (versión abreviada de shūshoku katsudō), que es el proceso de búsqueda de empleo que comienza el año antes de la graduación. Los estudiantes visitan las empresas de su interés y pasan rondas de entrevistas, asegurándose un empleo antes de graduarse. El problema es que este rígido sistema dificulta enormemente que luego un graduado superior pueda acceder a un empleo estable si no ha pasado por este filtro, con independencia de la titulación que ostente. Hay que entender que, tradicionalmente, la compañía que te emplea es al que da la formación desde cero, dando un valor relativamente bajo al título que tenga el nuevo empleado. Eso sí, las horas extras obligatorias y no remuneradas, da igual el tipo de trabajo que tengas, siguen siendo lamentablemente habituales en Japón.

Una imagen familiar para cualquiera que haya estado en Japón: el interior de un konbini. Fuente: Fotos propias

Esta situación está cambiando en los últimos años, debido a la baja natalidad y la competencia de compañías extranjeras, con procesos de selección más flexibles, que pueden hacerse con los mejores estudiantes dándoles condiciones laborales más favorables. Con todo, y aquí el sexo importa, la mujer japonesa, deja su empleo al casarse y se convierte en ama de casa en porcentajes notablemente superiores a los de otros países desarrollados. Esto se debe a un sistema que todavía defiende al hombre como principal proveedor de ingresos del hogar. Es verdad también que la baja natalidad ha hecho que más mujeres sigan trabajando, aunque sea a tiempo parcial, pero no ha sido el único cambio. Aunque Japón es un país donde si no se es japonés y no se habla con un nivel muy alto del idioma, es virtualmente imposible obtener empleo, la novela refleja una realidad que este mismo 2025 pude observar de primera mano: la presencia de personal extranjero (vietnamitas, filipinos, chinos y coreanos mayoritariamente, pero también de otros países) que trabajan en konbinis y otros establecimientos de hostelería.

Es sorprendente la cantidad de datos y variables que manejan los konbini, como máquinas bien engrasadas que no dejan nada a la suerte. Son la tabla de salvación en zonas urbanas de toda una legión de sarariman que acuden puntualmente y con demasiado cansancio en el cuerpo a largas jornadas de trabajo, además de ser para el turista lugares repletos de manjares maravillosos, bebidas exóticas (las dedicadas a quitarte la fatiga, la resaca y otros males, merecerían todo un artículo aparte) y hasta ropa interior.

Los arubaito (trabajos a tiempo parcial) en contraposición con el shigoto (trabajo indefinido o a tiempo completo) son muy comunes entre los estudiantes, pero realizarlos más allá de ese periodo, deriva en un verdadero estigma social y la imposibilidad de obtener mejores empleos en el futuro. Es por ello que los más de tres lustros de nuestra protagonista en el sector, unidos a que sigue soltera, cuando se espera que esté casada o en algún tipo de relación, con independencia de si es buena o mala, la convierten en un verdadero bicho raro desde la perspectiva japonesa. Sin embargo, como la propia autora, en el konbini encuentra la paz y el equilibrio que necesita para su vida, con independencia de lo que puedan pensar los demás.

Es una novela íntima y valiente, que defiende la posibilidad de elegir cómo se quiere vivir, sin que las convenciones sociales te arrastren por un camino que, en realidad, deseas evitar porque no te hace feliz. 

¿Qué pensáis vosotros? 

 

domingo, 10 de noviembre de 2024

Nathaniel Hawthorne: un cuentista de Nueva Inglaterra

Nathaniel Hawthorne (1804-1864), fue uno de los mayores cuentistas norteamericanos del siglo XIX, con relatos de temática gótica, trágicos y escalofriantes en ocasiones, pero siempre elegantes; el terror puede venir en palabras suaves, sugiriendo más que mostrando. No fue de menor calidad su obra larga, reflejada en cuatro novelas, entre ellas la celebérrima “La letra escarlata”, publicada en 1850. 

 

“La casa de los siete tejados”, publicada en 1851, parece a priori la típica novela gótica, con intrigantes males y espíritus diabólicos, pero esconde mucho más. La novela transcurre en su Salem natal, en plena Nueva Inglaterra, iniciándose cuando el coronel Pyncheon, tras unas disputas legales amañadas, logra hacerse con los terrenos de Mathew Maule, acusado de brujería, y edifica su casa familiar allí, falleciendo misteriosamente de lo que se atribuye a una maldición pronunciada por Maule mientras le ajustician: “Dios le dará sangre para beber”. Posteriormente, la acción se traslada al siglo XIX, en el mismo escenario, pero mucho más decrépito y decadente, con algunos de los descendientes del coronel, venidos a menos, como protagonistas. El final resulta sorprendente por su sencillez y completamente inesperado.

Nueva Inglaterra es una zona que parece haber sido proclive a la imaginación de los escritores, destacando H. P. Lovecraft, pero que tiene su razón de ser vista en su contexto histórico. Lo que hoy se conoce como Nueva Inglaterra, lo componen seis estados: Maine, Nuevo Hampshire, Vermont, Massachusetts, Rhode Island y Connecticut. Todos ellos comparten el mismo origen, haber sido colonizados por puritanos desde inicios del siglo XVII, lo que ha dotado de una identidad propia y compartida a la región, que mantiene una casi esquizofrénica convivencia entre el puritanismo y el liberalismo.

Esto tuvo sus consecuencias sociales, que la literatura reflejó. La rigidez de la moral puritana y un equivocado sentido de la dignidad, condujeron a muchas familias de rancio abolengo a languidecer y extinguirse, incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos, que requerían de mayor flexibilidad y funcionalismo. Un sentido de clase que les llevaba a no juntarse, menos aún casarse, con personas que no fueran de su clase social, les dio la puntilla. Cierto es que el mismo clasismo lo plasman las novelas de Dickens, Wilkie Collins, Balzac o Zola (el hidalgo arruinado de “El lazarillo de Tormes” sería también un magnífico e ilustrativo ejemplo), pero no con un aire tan funesto de destino fatal inevitable.

domingo, 8 de septiembre de 2024

Nueva selección de libros para conocer la historia turca

Turquía es un país fascinante, rico en tradiciones, cultura e historia, que se expande desde el Imperio Otomano del siglo XIII hasta la actual República de Turquía, en la que la figura de Kemal Atatürk juega un papel clave; el hombre adecuado, en el momento adecuado; producto del contexto histórico y el tanzimat, periodo de reformas en el seno del Imperio Otomano llevadas a cabo entre 1839 y 1876, como respuesta a la situación de debilidad que vivían, y que supuso el inicio de la modernización política, económica y burocrática turca, así como la introducción de nuevas ideas.

Cada vez que visito Turquía, como amante de los libros que soy, amplío mi biblioteca personal de historia otomana y republicana. Por fortuna, cada vez se edita más en inglés, dado que mi turco es, por desgracia, lamentable. Este año no fue diferente y la lista incluye:


- “A short history of the Ottoman Empire”, de Erhan Afyoncu. Una historia compacta, pero completa, que condensa los principales acontecimientos de la larga vida de la historia otomana y cuya lectura no asusta, sino que se hace ligera y amena.


- “Ottoman sultans”, de Erhan Afyoncu. Libro breve pero colorido que nos habla de la vida privada de los sultanes (con un número sorprendente de ellos viviendo en cautiverio hasta que un número suficiente de sus predecesores han sido depuestos o asesinados) y las acciones que tomaron mientras reinaron.


- “Gallipoli 1915 through Turkish eyes”, de Haluk Oral. Gallipoli ocupa un lugar especial en la historia turca. Durante la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano se puso del lado de los alemanes, lo que llevó a las fuerzas aliadas a atacarlos. Sin embargo, subestimaron las capacidades turcas para defender su territorio, y el intento fallido de apoderarse de Gallipoli (Çanakkale) en 1915 fue también el momento en que un joven y relativamente desconocido Mustafa Kemal se distinguió en el campo de batalla y emergió como líder. Este libro reúne múltiples documentos y testimonios de testigos del campo de batalla para ofrecer una visión multifocal única de los acontecimientos.

 

 - “Atatürk. An intellectual biography”, por M. Şükrü Hanioğlu. Mucho se ha dicho sobre el kemalismo como ideología, a veces desde puntos de vista realmente opuestos, dado que casi cualquier persona en Turquía, conservador o liberal radical, se considera kemalista hasta cierto punto. Sin embargo, los pensamientos reales de Atatürk sobre muchos asuntos parecían haber quedado en un segundo plano y el libro de Hanioğlu llena este vacío y nos ayuda a conocer mejor lo que estaba sucediendo dentro de la mente de Atatürk, además de brindarnos su contexto.

 


- “Turkish Folktales”, editado por Jake Jackson. Me gustan los cuentos populares, que considero importantes para comprender una cultura, ya que los mensajes y la moraleja de las historias dan una idea del sistema de valores de una sociedad. Este libro tiene una selección bastante buena, que incluye también algunas historias humorísticas de Nasreddin Hoca (que en realidad existió y vivió en el siglo XIII) que he leído anteriormente.

 


 


sábado, 7 de septiembre de 2024

La faceta más tierna de la obra de Yoko Ogawa

Yoko Ogawa (1962), es una autora por cuyas obras siento un especial cariño, ya sean oscuras o enternecedoras, pues su polivalencia en este sentido es destacable. “La niña que iba en hipopótamo a la escuela” (2006), pertenece a este segundo grupo, que la autora inició con “La fórmula preferida del profesor”.



Ambientada en los años setenta, nos cuenta casi por entero el año que la protagonista, Tomoko, de apenas 12 años, pasó viviendo con la peculiar familia de su tía. El título no engaña, pues incluye realmente un hipopótamo enano, Pochiko, en el que Mina, su prima, ligeramente menor que ella y de salud delicada, va todos los días a la escuela. El tío de Tomoko, sin envanecerse nunca, tiene una personalidad arrolladora, aunque sus largas desapariciones le resultan sospechosas; su tía es una pertinaz buscadora de erratas; la tía abuela Rosa, alemana llegada a Japón antes de la Segunda Guerra Mundial, es como un recuerdo de otro tiempo.

El año en que transcurre la historia, 1972, no deja de ser muy especial y trágico a nivel mundial. Los japoneses tienen relativamente fresco el recuerdo de la Exposición Universal de Osaka de 1970, que fue un verdadero éxito, con las colas formadas para admirar la roca lunar traída por el Apolo 11 en 1969, expuesta en el pabellón de Estados Unidos. Ahora, el país se ilusionaba por los juegos olímpicos que tendrían lugar en Munich ese año, y en que la selección masculina de Voleibol aspiraba a la medalla de oro, habida cuenta que había obtenido ya el bronce y la plata en los juegos precedentes. La salvaje acción terrorista de un grupo palestino, secuestrando a parte del equipo olímpico israelí, y la desastrosa operación de rescate alemana, deslucieron lo que debía haber sido un acontecimiento gozoso.

Capa a capa, se va revelando información sobre cada uno de los miembros de la familia, sus inquietudes y sus secretos. Tomoko hace viajes a la biblioteca local para pedir libros que, en realidad, lee su prima Mina, estableciéndose ambiguas conversaciones con el bibliotecario, quien recomienda como primera lectura “La casa de las bellas durmientes”, de Yasunari Kawabata. No es este el típico título que recomendaría a una preadolescente, pues la reflexión sobre el sexo y la muerte que contiene puede resultar perturbadora incluso a un lector adulto.

En conjunto, es una historia teñida de nostalgia; sensible, pero no sensiblera; costumbrista, pero aderezada de una atmósfera ligeramente mágica. Aunque el curso de la historia parezca predecible, Ogawa nos deleita con diversos giros que dan más interés a la trama.

¿Qué trabajo de Ogawa os ha gustado más?

martes, 20 de agosto de 2024

Las colaboraciones literarias de H. P. Lovecraft

H. P . Lovecraft (1890-1937), será siempre recordado por el ciclo de sus Mitos de Cthulhu, pero no estuvo solo en esta creación. Criado de un modo peculiar tras la temprana muerte de su padre, sobreprotegido por su madre y sus tías maternas y niño prodigio autodidacta con acceso a la amplía biblioteca de su abuelo materno, Whipple Van Buren Phillips, no parecía un hombre destinado a las grandes relaciones sociales, pero sí dejó tras de sí una extensa comunicación epistolar de casi 100.000 cartas con otros escritores y amigos, como Robert Bloch, Clark Ashton Smith, Robert E. Howard y August Derleth.  


Este último, junto con Donald Wandrei, fundarían la editorial Arkham House en 1939 para publicar todos los relatos de Lovecraft tras su muerte, consolidando su legado y evitando que sus historias cayeran en el olvido. Es más, el propio Derleth sería en buena medida el responsable de establecer el marco canónico de los relatos de Lovecraft y ampliarlos con los suyos propios y de otros autores del Círculo de Lovecraft.

En lo económico, conoció penurias casi toda su vida, sobre todo desde el fallecimiento de su abuelo materno, y no contrajo matrimonio hasta después de la muerte de su sobre protectora madre en 1921, que apenas duró dos años (1924-1926), con Sonia Green. Curiosamente, sólo se supo muchos años después del fallecimiento de Lovecraft que éste no había firmado los papeles finales del divorcio, con lo que el matrimonio de Green con el doctor Nathaniel Abraham Davies constituyó bigamia.

Los problemas económicos hicieron que Lovecraft realizará funciones de negro literario, con resultados y remuneraciones dispares. De hecho, sus tarifas de 1933 estaban incluso por debajo de la media y no era raro que la remuneración no se discutiera hasta el final, recibiendo cantidades más bien exiguas por su trabajo. Con todo, de dichas colaboraciones han salido relatos muy dignos en los cuales se nota la impronta del maestro, quien no atendía demasiado a lo desagradecidos que podían ser a la hora de pagar.

“Horror en el museo y otros relatos”
es una de las primeras recopilaciones de colaboraciones que leí, repitiéndose en la presente “Muerte con alas y otras colaboraciones”, algunos nombres, como Hazel Heald o Zealia Bishop. Las narraciones se ubican en los Estados Unidos, pero en zonas relativamente ignotas y normalmente llenas de nativos, con conocimientos de leyendas y saberes sin sin edad. Por supuesto, el recurso a la Atlántida, Lamuria u otras zonas fantásticas remotas no resulta extraño, ni las referencias a saberes y dioses abominables y blasfemos. Todo ello se alterna con una curiosa cualidad de los relatos de Lovecraft, ubicar ese horror en un contexto de una cierta normalidad, como si la mayoría de la gente no se viera afectada, a menos que preguntara demasiado.

Desconozco si esta recopilación en concreto habrá sido reeditada en castellano, ya que la mía es una edición de Caralt de 1981, aunque sospecho que no será difícil encontrarla de segunda mano.

¿Cuál es vuestro relato favorito de Lovecraft?

lunes, 20 de mayo de 2024

Reseña de "La barrera Santaroga" de Frank Herbert

Frank Herbert (1920-1986), universalmente conocido por su saga Dune, cuyo primer libro, publicado en 1965, por fin ha conocido una digna adaptación cinematográfica, de la mano de Denis Villeneuve, escribió otros igualmente interesantes e hijos de un tiempo muy concreto, como es el caso de "La barrera Santaroga" (1968).

Portada de la edición española de Acervo de 1978

Por establecer el contexto, dentro del marco de la Guerra Fría, los años sesenta en los Estados Unidos se vieron marcados por un fuerte rechazo a la guerra de Vietnam y el ascenso de movimientos contestatarios y contraculturales, que hacían un uso intensivo de diferentes sustancias que alteraban la percepción, con el LSD a la cabeza. La crisis de los misiles en Cuba de 1962 seguía muy fresca en la memoria de la gente, así como el temor a una devastación nuclear si las grandes potencias decidían atacarse mutuamente.

En realidad, el interés por las sustancias psicotrópicas, previo a su prohibición total precisamente por su uso recreativo por la contracultura estadounidense, resultó bastante más serio por parte de los estados y el mundo intelectual, pues, entre otras cosas, habría nuevos caminos en el tratamiento de enfermedades mentales. Destacables son las experiencias de Aldous Huxley (1894-1963) con la mescalina, LSD y psilocibina, entre 1953 y 1963, que recogería en dos obras cortas: "Las puertas de la percepción" (1954) y "Cielo e infierno" (1956).

En esta obra, el psicólogo Gilbert Dasein, es contratado para realizar una investigación en el valle de Santaroga, una zona donde cualquier negocio de fuera está abocado al fracaso, ya que la población local no compra en ellos. Varios psicólogos enviados previamente han muerto en diversos accidentes, pero la empresa que le envía tiene mayor confianza en sus posibilidades de éxito, ya que sabe que tuvo una relación afectiva con una local, Jenny Sorge. Si bien es cierto que sobrevivirá, casi desde el primer momento sufrirá accidentes (cuando no burdos intentos de asesinato), de los que se salvará casi de milagro.

Dasein observará rarezas en los santaroganos, que rápidamente atribuirá al consumo de alimentos expuestos al misterioso "Jaspers" y que parece cambiar la química interna del cuerpo de sus consumidores, pero que, por algún motivo, no puede ser exportada fuera del valle, ya que dura poco una vez afectado por el aire, el calor y la luz. El propio Dasein consumirá Jaspers, comprendiendo en parte a los santaroganos, pero al mismo tiempo luchando contra la sustancia. A nadie se le escapa que el Jaspers y la especia de Dune están inspirados en el mismo tipo de sustancias y que Herbert usó de inspiración en ambos casos, incluso en sus presuntos efectos de presciencia.

Herbert no se posiciona en la obra sobre qué parte tiene razón, si los santaroganos o el resto del mundo, aunque algunas simpatías por los primeros parecen claras. La crítica al mercado capitalista, que no acepta el hecho que sus productos no sean comprados, la oposición a la guerra y una defensa de una suerte de colectivismo individualista, resultan obvias. Con todo, se termina la novela de un modo ambiguo y abierto y un sentimiento de tensión contenida.

Me consta que el libro se encuentra descatalogado en español, pero encontrarlo en la edición de Acervo es relativamente sencillo. Ojalá el éxito de Dune en cine, además de la reedición de los libros de la saga escritos por Herbert, y las precuelas y secuelas escritas por su hijo Brian y el escritor de ciencia ficción Kevin J. Anderson, lleve al interés de las editoriales por volver a publicar el resto de su obra.

¿Qué otros libros poco conocidos de autores consagrados recomendáis?

domingo, 12 de mayo de 2024

Merienda de negros, el colonialismo en África visto por Evelyn Waugh

La historia del mundo contemporáneo no puede entenderse si se deja fuera el colonialismo, un fenómeno de expansión de las potencias occidentales que se dio en dos fases bien diferenciadas. Primero, del siglo XV al XVIII, portugueses y españoles, a los que se unieron británicos, franceses y holandeses, que dominaron por completo el continente americano y algunas remotas zonas de Asia y África. La segunda fase, incluye también a las colonias recientemente independizadas de América, especialmente Estados Unidos, y las naciones occidentales más desarrolladas durante la Revolución Industrial, que vuelven su mirada a África, virtualmente virgen e inexplorada en su mayor parte a principios del siglo XIX, y Asia, que salvo Corea y Japón, para la Primera Guerra Mundial quedaría virtualmente toda bajo control europeo.

 

Este contexto es importante porque el novelista Evelyn Waugh (1903-1966), nacería y se criaría en Gran Bretaña en el momento álgido del colonialismo de la primera mitad del siglo XX. Las posesiones británicas se extendían por toda África, Asia y Oceanía, con la India como verdadero tesoro de la Corona. Waugh, de hecho, visitaría África en 1930 y la tomaría de base para su "Merienda de negros" (Black mischief) de 1932.

Ubicada la acción en la inexistente nación africana independiente de Azania, se relata como Seth, el nuevo emperador de Azania, «tirano de los mares y licenciado en Oxford», ofrece a su antiguo condiscípulo Basil Seal (ocioso, poco disciplinado y buscador de emociones que le permitan escapar del camino trillado que le ofrecen por su familia y posición como miembro del parlamento) el cargo de «ministro de modernización» del país. Los choques entre la inercia de la tradición y la extensión de los tentáculos de la civilización, no se hacen esperar. Mientras que las clases altas azanias parecen abrazar los cambios, el resto de la población los recibe con una mayor tibieza, cuando no se los comen (y no hablo de gente); la tragicomedia, con momentos surrealistas dignos de "Amanece que no es poco", está servida.

El humor negro, por partida doble en este caso, tan habitual en las obras de Waugh, aparece aquí en todo su esplendor. Las naciones europeas quedan retratadas como más interesadas por las apariencias que por la realidad (la descripción de la abolición de la esclavitud en el país es un buen ejemplo, además de absolutamente desternillante); la nutrida colonia de expatriados, encabezado por un griego con escasos escrúpulos y un gran olfato para los negocios, forma un mundillo aparte que resulta casi incoherente con su entorno; los esfuerzos del joven "Ministro de modernización" se ven entorpecidos en buena medida por el propio Seth, cuya educación en Oxford y su comprensión de la civilización occidental fueron más bien superficiales también, cambiando constantemente de dirección ante cada nueva lectura que hace y malinterpreta.

En la edición revisada de 1962, el propio Waugh reflexionó sobre el momento en que fue escrita la novela y lo poco que nadie podía imaginarse el proceso descolonizador posterior que se aceleraría tras el fin de la 2ª Guerra Mundial. Razón no le faltaba, aunque tampoco debió sentirse especialmente sorprendido, ya que era conocedor de dos grandes títulos de la literatura de ensayo como "La decadencia de Occidente" (1918, revisada en 1923) de Osward Spengler e "Historia de la decadencia y caída del Imperio romano" (1776) de Edward Gibbon, que además inspiraron el título de su primera novela publicada, "Decadencia y caida" (1928), inspirada en sus años estudiantiles en Oxford y acerada crítica de las clases altas y sus tradiciones.

La elección del título para la edición española de Anagrama me parece sencillamente maravillosa, reflejando con precisión el desarrollo de la acción, en medio de una gran confusión y desorden. Confío que en años venideros se mantenga y no ceda ante el revisionismo de lo políticamente correcto, porque el humor no es ni debe ser correcto.

martes, 19 de marzo de 2024

Jerome K. Jerome: El arte de cuidar y gobernar a las mujeres

Jerome K. Jerome (1859-1927), fue un conocido escritor satírico británico, especialmente reconocido por su su obra, "Tres hombres en barca" (1889), que recoge un viaje parcialmente autobiográfico por el Támesis, siendo los personajes, salvo el perro, trasuntos de sus mejores amigos. Las localizaciones son tan reconocibles hoy como en el momento que se escribió, lo que explica la cantidad de reimpresiones habidas hasta la fecha. Su continuación, "Tres ingleses en Alemania", no alcanzaría el mismo éxito, pero merece la pena leerla pues algunos episodios, como el de las almohadas y los besos (Kissen y Küssen son cosas realmente diferentes), son especialmente hilarantes.

 

La infancia y juventud del autor podría hacer salido de cualquier obra dickensiana, ya que fue complicada y marcada por la pobreza, viéndose obligado a dejar la escuela y ejercer diferentes trabajos desde que queda huérfano a los 13 años. Sin embargo, salió adelante tras ejercer diferentes oficios que pasaron de la recogida de trozos de carbón caídos de los trenes para una compañía ferroviaria, a la enseñanza y un bufete de abogados. Tras unos tímidos pero prometedores comienzos literarios con "Pensamientos ociosos de un ocioso" (Idle Thoughts of an Idle Fellow) en 1886, el éxito de "Tres hombres en barca" le dio la estabilidad económica que siempre buscó y le permitió dedicarse por entero a la literatura. Durante la Gran Guerra, fue rechazado como voluntario por el ejército británico, pero acabó sirviendo para el francés como conductor de ambulancia, una experiencia que le marcaría.

Esta admirable edición en tapa dura de 1946 de Ediciones Lauro, dentro de su colección El club de la alegría, bajo el engañoso título "El arte de cuidar y gobernar a las mujeres", recoge en realidad "Second thoughts of an idle fellow" (1898), continuación directa de su primer libro de 1886. La estructura es similar, recogiendo cada capítulo deliciosos relatos que pueden ser leídos de modo independiente sobre la felicidad conyugal (ese gran oxímoron) y como mantenerla (especialmente destacables, los consejos sobre la luna de miel); las convenciones sociales; la (falta de) racionalidad del hombre y la mujer; el horror de la navidad y otros muchos temas tratados con ironía y verdadera flema británica.

Para haber sido escrito hace más de 125 años, sorprende lo poco que han cambiado las situaciones descritas, recubiertas ahora de una pátina mayor de tecnología, pero iguales en lo esencial.

viernes, 12 de enero de 2024

Una de fantasmas: Historias sobrenaturales de M. R. James

Soy una persona escéptica y poco dado a creer en espíritus, pero eso no es óbice para que adore las historias de fantasmas. Estamos en una época muy tecnificada y con inmensos avances en todos los campos del conocimiento, pero eso no significa que no nos sintamos atraídos por lo desconocido, lo (aparentemente) inexplicable y lo macabro. Exactamente la misma sensación tenían nuestros contemporáneos de la segunda mitad del XIX y principios del XX, que habían visto progresos agigantados tras las sucesivas revoluciones industriales, situación que paradójicamente llevó también a un aumento del interés por la parapsicología y el ocultismo por parte de personas formadas, como fuera el propio Arthur Conan Doyle, y una edad dorada del cuento de fantasmas.


Montague Rhodes James (1862-1936), erudito británico especializado en la Edad Media y las antigüedades, encontró tiempo para escribir y publicar entre 1894 y su fallecimiento una treintena de relatos de fantasmas en los que la influencia del irlandés Sheridan Le Fanu (1814-1873), no solo es reconocible sino reconocida por el autor, quien siente gran admiración por él y así lo manifestó en reiteradas ocasiones. A su vez, recibió elogios del propio Lovecraft, con quien compartía no pocas similitudes en la composición de sus historias.

Los relatos de James son muy realistas, con personajes de entornos que el autor conocía muy bien: profesores, bibliotecarios, anticuarios, estudiosos de la religión... y, a diferencia del género gótico o los cuentos victorianos de fantasmas clásicos, situados en el presente, dentro de una normalidad que, merced a la creación de una atmósfera adecuada nos va conduciendo a un final opresivo; arrojando pequeñas pistas que cobran sentido en el desenlace final. 

El realismo de las situaciones se acrecienta con la invención de textos en latín y referencias a libros que no existen, técnica que emplean con éxito escritores contemporáneos como Lovecraft con su Necronomicón o el texto de R'lyeh. Su faceta erudita ayuda a dar verosimilitud a estas referencias, de las que tampoco abusa. 

Los relatos incluidos en el volumen "Historias Sobrenaturales" (Mirach S.A., 1991) son básicamente los recogidos en sus primeras dos recopilaciones de relatos: "Historias de fantasmas de un anticuario" y "Más historias de fantasmas de un anticuario", editados ambos en España por Valdemar. Entre ellos, "El fresno" (ya no mirarás las ramas del árbol cercano a tu ventana del mismo modo), "El número 13" (conocerás un hotel menos en que alojarte) y "El maleficio de las runas" (donde se demuestra que, donde las dan, las toman; si lo leen, entenderán justo al final) me parecen especialmente destacables y no dejo de ver una huella de humor negro e incluso de justicia poética en ocasiones. 

¿Qué relatos de fantasmas me pueden sugerir?

jueves, 4 de enero de 2024

Magallanes, la gesta que cambió el mundo relatada por Stefan weig

Stefan Zweig (1881-1942), es quizá el escritor europeo más importante de la primera mitad del siglo XX y sus obras, especialmente su autobiografía póstuma "El Mundo de Ayer" (1942), son claves para entender la Europa que acabó desembocando en el auge de los totalitarismos y la 2ª Guerra Mundial. Nadie como él ha plasmado por escrito el tránsito del mundo de la seguridad y la idea del progreso indefinido de la humanidad a una situación de perpetua incertidumbre y miedo, que caracteriza el golpe que supuso para la sociedad europea el estallido de la Gran Guerra.

Stefan Zweig en los años 30. Fuente: Wikipedia.

Nacido en el seno de una familia austriaca acomodada y cosmopolita, con una esmerada educación y avidez lectora, pronto destacó en el ámbito de las letras con unas novelas donde la profundidad psicológica de los personajes, muy influida por las tendencias del novedoso psicoanálisis, junto con un estilo directo y elegante, se ganaron el favor del público. El éxito económico de sus trabajos, junto con su propia fortuna personal, le permitieron realizar largos viajes y mantener siempre una visión abierta y cosmopolita del mundo, que se refleja en todos sus escritos y en su faceta de activista antibeligerante y defensor de sociedades abiertas, oponiéndose a políticas revanchistas derivadas del fin de la 1ª Guerra Mundial. 

En la historia encontró siempre inspiración y motivación para seguir adelante, al menos hasta el momento en que, exiliado en Petrópolis (Brasil) a principios de 1942 y creyendo que el nazismo acabaría dominando el mundo, se suicidó junto con su segunda mujer ingiriendo veneno. No se le puede culpar de derrotismo, toda vez que, desde inicios de los años 30, había visto la publicación de sus obras prohibidas en Alemania, su Austria natal e Italia, por gracia y obra de leyes raciales injustas y absurdas, teniendo incluso que acabar exiliado.

Pese a ello, sus obras de corte histórico y biografías son de lo más destacado de su obra. La magnífica biografía de "Fouché" (1929) casi nos permite palpar la Francia de la Revolución Francesa hasta el periodo de la Restauración Borbónica y nos da una visión sin parangón un verdadero animal político; una persona con una prodigiosa capacidad de adaptación a las circunstancias y maestro en mover los hilos desde las sombras. "Momentos estelares de la humanidad" (1927, aunque su forma y extensión definitiva la adquiriría en la versión inglesa de 1940), reune 14 episodios de diversa trascendencia que van desde el asesinato de Cicerón hasta el fracaso del presidente norteamericano Woodrow Wilson en lograr que prosperaran sus 14 puntos, que debían servir de base para un tratado de paz duradero y no revanchista de la 1ªGM. Lamentablemente, en su lugar, se sentaron las bases para el posterior conflicto.

Tuve la suerte de leer este libro en la cuidada edición en tapa dura de Juventud de 1950

"Magallanes, el hombre y su gesta" (1937), es un maravilloso relato de cómo se gestó la primera vuelta al mundo en barco de la edad moderna, desterrando para siempre la idea de una tierra plana, y encontrando, aunque fuera partiendo de un error, el prometido paso por el sur hasta las "islas de las especias" (Islas Molucas, situadas en la parte oriental de la actual Indonesia). 

Magallanes fue un caballero portugués de origen algo oscuro, pero curtido en viajes naúticos, ya que participó en expediciones a las indias siguiendo el contorno del continente africano, ruta descubierta por Vasco de Gama entre 1497-1499. Gracias a sus contactos con importantes cartógrafos de la época y acceso a la información de los navegantes que volvían de cruzar el Atlántico, se convenció de la existencia de un paso por el sur del continente americano que permitiera llegar a las Molucas sin necesidad de pasar por aguas africanas ni el Índico, donde los comerciantes musulmanes ya estaban bien establecidos y su influencia sobre los gobernantes locales, para evitar la existencia de competencia, era notable.

Fiel a su patria, ofreció en primer lugar el proyecto a Manuel I de Portugal, pero fue rechazado y decidió proponerlo al monarca español, Carlos I, quien si lo aceptó, firmándose una capitulaciones con los términos del acuerdo en caso de éxito de la expedición. Toca recordar que en 1494 se había firmado el Tratado de Tordesillas, que establecía las respectivas áreas de influencia de la corona portuguesa y española en el Atlántico y en relación a la conquista del Nuevo Mundo, pero que también suponía que la ruta a las Indias por el Cabo de Buena Esperanza quedaba vedado para la corona española. Así, no es de extrañar el interés del monarca español en una ruta alternativa que evitase el conflicto con los portugueses.

Tras una meticulosa tarea de aprovisionamiento y puesta a punto de las cinco naves que formarían parte de la expedición, ésta salió de Sevilla el 10 de agosto de 1519 y sólo una de las naves, la Victoria, completaría la gesta, llegando a Sanlucar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522, comandada por Juan Sebastián Elcano y 18 marinos supervivientes. 

Representación del viaje de Magallanes alrededor del mundo incluido en la edición de editorial Juventud de 1950. Siempre hacia el oeste, hasta el punto de partida

Yendo siempre hacia el oeste, Magallanes encontró el paso al Pacífico por el estrecho que lleva su nombre, logrando cruzar con cuatro de sus naves, ya que una se había perdido en las costas de la actual Argentina, pero después de haber tenido que lidiar con amotinamientos y una hibernada forzosa en el sur de Brasil. No lo pasarían mejor cuando se enfrentaran a los inesperados cien días de navegación por el Pacífico, que les llevó al límite de sus fuerzas, casi sin comida ni bebida, hasta que llegan a los costas de la actual Filipinas, donde Magallanes acabará encontrando la muerte por exceso de confianza en las capacidades militares occidentales frente a los indígenas. Irónicamente, se encontraba a poca distancia de su verdadero objetivo. 

El libro de Zweig nos mete de lleno en el contexto político de la época, el conocimiento científico y las maravillas que se cuentan en relación al Nuevo Mundo y otras regiones que apenas acaban de ser descubiertas de África y Asia. El retrato que se pinta de Magallanes es el de una persona enérgica, tozuda en ocasiones, pero nunca cruel o arbitraria, con una sorprendente habilidad diplomática en su trato con los indígenas, a los que intenta atraer desde un trato entre iguales más que someter por la fuerza, como hicieron los españoles tras su muerte. Las dudas, el sufrimiento, la desesperación y la alegría de la tripulación se suceden a medida que se superan obstáculos, pero siempre con una desconfianza de fondo hacia ese portugués barbudo y menudo, del que los españoles nunca se acaban de fiar.

La conclusión a la que llega Zweig, que la historia no ha sido todo lo justa que debiera con Magallanes, no deja de tener una parte de verdad. Fue Elcano quien se acabó llevando la gloria, pese a que fue uno de los primeros amotinados contra Magallanes, quien le perdonó la vida. Con todo, hoy día se le reconoce en mayor medida el mérito que merecía y, la visión del propio Zweig, igual se dejó llevar por prejuicios sobre los españoles, aunque en lo esencial es más que correcto y cuidadoso con los datos históricos objetivos.

Si ya han leído obra de Zweig, sigan haciéndolo, si no lo han hecho, no pierdan la oportunidad de comenzar.


domingo, 31 de diciembre de 2023

Kanikosen: Takiji Kobayashi y la conciencia social japonesa

Takiji Kobayashi (1903-1933) vivió tiempos convulsos, a caballo entre la declinante era Meiji, la inestable pero esperanzadora era Taisho y un decepcionante inicio de la era Showa, caracterizado por unafuerte autocracia y represión de la disidencia. Nacido en Odate (Akita) y criado en Otaru (Hokkaido), acabó uniéndose al partido comunista en 1931. Poseedor de una gran conciencia social y dotes para la escritura, firma diversas obras relativas a las durísimas condiciones laborales de la época, siendo la más famosa, y que eventualmente le costaría la vida, Kanikosen ("El cangrejero").

Takiji Kobayashi poco antes de su muerte. Fuente: Wikipedia

Si bien es cierto que la Revolución Industrial que arranca en el siglo XIX en Europa y Estados Unidos provocó gran desigualdad y una migración sin precedentes del medio rural al urbano, hacinándose en verdaderas infraviviendas, en condiciones de dudosa salubridad, el caso japonés posee unas características peculiares, derivadas del proverbial aislamiento japonés,que no se rompió hasta las visitas del comodoro Perry y sus "barcos negros" en 1853 y 1854.

Entonces, un debilitado shogunato que llevaba 250 años rigiendo el país y que resistiría agónicamente tres lustros más, reconoció de modo pragmático no poder enfrentarse a la superior tecnología militar occidental, firmando en 1854 el Tratado de Kanagawa, que concedía acceso a los puertos de Shimoda y Hakodate para comerciar. Éste sería complementado en 1858 con la firma del Tratado de Harris o Tratado de Amistad y Comercio, que concedía múltiples derechos comerciales y extraterritorialidad a los extranjeros.

Fue el primero de los múltiples tratados desiguales de libre comercio firmados por Japón con potencias occidentales, ya que rusos, británicos, franceses, alemanes y otros vendrían después; una verdadera humillación para Japón, que no tardó en aceptar a regañadientes que la confrontación con los extranjeros no resolvería el problema. Rebeliones tan graves como la de Satsuma en 1873, casi ponen en jaque al recién estrenado gobierno del Emperador Meiji y sofocarla costó miles de hombres.

Con todo, Japón hizo lo que mejor sabe hacer: aprender y mejorar. Fueron enviadas misiones de estudio al extranjero en todos los ámbitos de la ciencia, el derecho, la economía... Así mismo, se fundaron nuevas instituciones de enseñanza al estilo occidental y se atrajo a profesorado extranjero cualificado ofreciendo todo tipo de beneficios. Las lenguas fueron un campo donde sobresalieron, traduciéndose numerosas obras extranjeras de todo tipo. Es verdad que los estipendios percibidos por estos estudiantes en el extranjero no siempre daban para vivir, como relataba el propio Soseki Natsume en relación a su estancia en Londres de 1900 a 1902.

Para finales de siglo, la industria japonesa había progresado espectacularmente, con indicadores de crecimiento disparados, como el aumento exponencial en consumo de carbón, exportaciones, red ferroviaria o flota mercante. No menos importante, su industria y organización militar dieron verdaderos pasos de gigante. La victoria en la guerra sino-japonesa (1894-1895), supuso un revulsivo frente a la humillación sufrida 40 años atrás; sentimiento que se consolidó con la victoria en la guerra ruso-japonesa (1904-1905), fruto de las ambiciones expansionistas de ambas potencias.

Lamentablemente, estas victorias embriagaron al estamento militar y un poderoso sector de nuevos conglomerados industriales (Zaibatsu), dando lugar a una corriente militarista y ultranacionalista que, en nombre del Emperador, serviría de excusa para la ocupación de Manchuria y Corea, antes del inicio de la 2ª Guerra Mundial. Paradójicamente, la debilidad mental y física del emperador Taisho, que sufrió una meningitis de niño que explica muchos de sus problemas de salud, permitió una menor injerencia en la actividad del parlamento y el florecimiento de una efímera democracia liberal, concediendo finalmente el derecho al sufragio universal (masculino) a todos los mayores de 25 años en 1925. La Constitución Meiji de 1889 apenas concedía el derecho de voto al 4% de la población, igual que ocurriera en las propias democracias occidentales en sus inicios.

El coste social y humano de la acelerada revolución industrial no fue menor en absoluto. Las innovaciones tardaron mucho en llegar a las empobrecidas zonas rurales, que eran sometidas a fuertes cargas fiscales que sirvieron para sufragar la industria. El tránsito del campo a la ciudad vino acompañado de penalidades, incluyendo el abuso sistemático a que eran sometidos los trabajadores no cualificados por empresarios sin escrúpulos, que aprovechaban una laxa legislación laboral.

Amigos de Takiji velan su cadaver, con evidentes signos de tortura a manos de la Policía Imperial Japonesa. Fuente: Wikipedia

Takiji Kobayashi reflejó en su obra un caso de huelga que tuvo éxito, en un barco cangrejero en aguas de Kamchatka, y lo pagó caro, muriendo por las terribles lesiones infligidas mediante tortura por la Policías Imperial Japonesa.

Portada de la reimpresión de 2023 de Kanikosen por la editorial Gallo Nero
 

En España, su novela fue publicada por primera vez en 2010 con el título "El pesquero" por Ático de los libros. Por su parte, la adaptación al manga de Go Fujio, publicada por Gallo Nero en 2014, cuenta con una reciente reimpresión en 2023 de muy buena factura.

Espero que disfruten de la lectura.

sábado, 18 de noviembre de 2023

Cuando la familia es lo que importa: La tía Mame

La literatura universal está repleta de ejemplos de parientes peculiares, cuya interacción con la familia deja resultados impredecibles, destacando entre ellos los tios; esa figura cuasi mítica, cercana pero a la vez un perfecto desconocido o, peor aún, demasiado conocido. Pocos sin embargo lograrán superar a "La Tía Mame", creada por el escritor estadounidense Patrick Dennis (1921-1976), cuyo nombre real era Edward Everett Tanner III, inspirado en la hermana de su padre.

La tía Mame, un ejemplo perfecto de la bohemia de la Belle Epoque estadounidense, con ideas originales y heterodoxas sobre prácticamente todo, se hará cargo de Patrick Dennis (sí, el autor escribe en primera persona usando su nom de plume), hijo de 10 años de fallecido hermano, lidiando a su vez con el fideicomisario nombrado en el testamente y garante de que Patrick reciba una educación tradicional, representando toda la ortodoxia y el convencionalismo en oposición a la tutora legal.

La acción inicial transcurre meses antes del crack de 1929 y se extenderá a lo largo de tres décadas. Desde el primer encuentro queda patente que nada será normal. Pese a que Patrick ingresa en una típica escuela masculina de la época, la San Bonifacio, con todos los prejuicios, maltratos y puritanismo de la época, la influencia de la tía Mame le hará convertirse, en ocasiones a su pesar, en un hombre de mundo con mentalidad abierta y tolerante, buen reflejo de la personalidad del autor, que poco o nada tenía de esnob.

La novela no fue un inmediato éxito de ventas, y de hecho el manuscrito fue rechazado hasta quince veces antes de ser publicado en 1955, sino que requerió de una elaborada estrategia de marketing entre el autor y algunos amigos suyos, quienes la colocaban directamente a los libreros merced a una brillante autopromoción. La calidad de la obra, con un indiscutible sentido del humor británico y personajes con los que el público podía llegar a identificarse, hizo el resto, manteniéndose 112 semanas entre los más vendidos: ¡Dos millones de copias en cinco lenguas!

Patrick Dennis fue un tipo curioso, excéntrico como sus propios personajes, pero un liberal democrático como el mejor John Stuart Mill. Participó en la 2ª Guerra Mundial como conductor voluntario de ambulancias en el norte de África por el AFC, lo que en buena medida explica su marcada oposición al antisemitismo, muy arraigado en la cultura popular estadounidense previa a la guerra y de la cual quedan innegables conatos, si atendemos al discurso de muchos seguidores del actual Partido Republicano. 

Su vida personal es incluso más compleja, pues durante años llevó una vida heterosexual convencional, hijos incluidos, para acabar sus días siendo un conocido activista de la comunidad gay de Greenwich Village. En lo profesional, una vez su obra quedó "pasada de moda", por la aparición del movimiento hippy y la contracultura de los años sesenta, menguando sus ingresos, no vio problema en emplearse como mayordomo, con su verdadero nombre, para un ejecutivo de MacDonalds que siempre ignoró que era el famoso Patrick Dennis.

Un cáncer de pancreas nos arrebató su talento a los 55 años, pero su obra, que durante décadas quedaría descatalogada, fue objeto de nuevo interés con el paso de milenio, volviendo a su puesto natural en lo más alto. En España, la editorial Acantilado ha recuperado tanto "La tía Mame" como su secuela, "La vuelta al mundo con la tía Mame" (1958), así como una obra humorística de corte autobiográfico, "Genio" (1962).

Como complemento, ya que me vinieron a la cabeza apenas leí el libro, les recomiendo las aventuras de "Mi tío Oswald", de Roald Dahl, y "Viajes con mi tía", de Graham Greene; otra pareja de tios con los que a buen seguro uno no se aburrirá.

lunes, 6 de noviembre de 2023

Horace Rumpole, un abogado de la vieja escuela

¿Es posible mezclar trabajo, placer y una fructífera vocación literaria? Es una pregunta retórica cuya respuesta es evidente y, para el británico John Mortimer (1923-2009) fue una realidad. 

Abogado, dramaturgo y escritor, compaginó sus diferentes carreras de un modo exitoso y admirable, con tiempo incluso para ser uno de los críticos más acérrimos de Margaret Thatcher, apoyar a Blair y luego odiarlo. Entre 1949 y 1971 estuvo casado con la novelista Penelope Mortimer (1918-1999), de la que se divorciaría tras la progresiva degradación de la relación, además de algunos affaires del propio Mortimer, quien tuvo en total 8 hijos, no todos matrimoniales. Esta tormentosa relación sirvió también como detonante para que Penelope Mortimer escribiera su "El devorador de calabazas", un magnífico testimonio de la gris vida matrimonial de muchas parejas de clase media.

Siguiendo los pasos de su padre, comenzó a ejercer en 1948, especializado en temas testamentarios y divorcios, pero a mediados de los años sesenta tomó un cambio de rumbo que le llevó a dedicarse a casos criminales, destacando en casos relacionados con los límites de la tolerancia y la libertad de expresión. Quizá algunos asuntos parecen superados o meras anécdotas, pero en 1977 fue contratado por Virgin Records para defenderles de la acusación de obscenidad por el uso de la palabra bollocks (cojones) en el título del álbum de los Sex Pistols "Never Mind the Bollocks, Here's the Sex Pistols" así como por distribuir en su cadena de tiendas el citado álbum.

 

Su mayor creación es, sin duda, el personaje de Horace Rumpole en 1975; un abogado peculiar, casado con «Ella, La que Ha de Ser Obedecida», feliz cuando puede tomar unos tragos de vino junto con sus colegas, bien lejos del hogar; de natural cínico, con una flexible medida de la moral humana, logrará sacar a la mayoría de los clientes de sus apuros, convenciendo al jurado de la honorabilidad de los mismos, o logrando que consideren a la parte acusadora como unos memos redomados. Ciertamente, la descripción que hace de los entresijos del sistema legal británico, hace que uno comprenda perfectamente por qué es preferible llegar a acuerdos antes que permitir que un juez tome una decisión que, a buen seguro, no gustará a ninguna de las partes involucradas.

Como compañero de profesión, no puedo dejar de pensar en los hitos que marcó en la defensa de la libertad de expresión, ante unas leyes y sociedad de un puritanismo absurdo. Sin embargo, el peligro para la tolerancia y la convivencia en un estado democrático sigue existiendo, y las nuevas amenazas a la libertad de expresión son mucho más sutiles. El temor a ofender, incluso sin pretenderlo, y recibir una desproporcionada e inmisericorde respuesta por parte de activistas de sofá, dispuestos a degollar a base de clicks a quien encuentren en falta, lleva a la autocensura. 

Mortimer trata en sus libros de temas políticos y sociales desde la perspectiva del humor: la integración de las minorías en el mundo laboral, los clanes criminales familiares, la honestidad de la clase teatral, Shakespeare como método para cortejar menores... con finales ciertamente inesperados, pero que no tengo especialmente claro que otros autores trataran con el mismo valor.

La BBC emitió una adaptación televisiva en siete temporadas entre 1978 y 1992 y la editorial Impedimenta ha editado hasta la fecha dos de los libros dedicados al insigne abogado. Si uno no puede esperar a leer más y quiere hacerlo en la lengua de la pérfida Albión, el número de títulos es ciertamente largo

Si os gusta el humor inglés, de carácter legal y con sabor a Wodehouse y Sharpe, no sé a qué esperáis a sumergiros en los casos de Rumpole ante el Old Bailey.

domingo, 1 de octubre de 2023

Curiosidades literarias: homenajes, parodias e historias apócrifas de Sherlock Holmes

Adoro las historias de detectives desde que era pequeño, habiendo devorado las historias de Sherlock Holmes en múltiples ocasiones. Había algo en el control de la situación y las deducciones (siempre correctas) aparentemente imposibles que realizaba con una mínima cantidad de indicios que me llevaba a querer leer más y aprender cómo lo hacía. Me reconozco, sin embargo, un estudiante lento y poco dotado para la observación, contrariamente a la figura real en que se basó Arthur Conan Doyle (1859-1930) para crear el personaje, que no fue otro que su profesor en la universidad de Edimburgo, el cirujano Joseph Bell (1837-1911), impulsor de la naciente ciencia forense.

 

Sherlock Holmes no fue el primer detective literario; existe un razonable consenso en que el Auguste Dupin de Edgar Allan Poe, que hace su aparición en "Crímenes de la calle Morgue" (1841), es el primero que reune todas las características del género, pero no sería hasta que Conan Doyle publica "Estudio en Escarlata" (1887), que se produce una verdadera revolución que apuntalaría la base para la edad de oro de la novela de detectives de los años 20 y 30 del pasado siglo. De este modo, no tardan en surgir, de la pluma de escritores capaces, múltiples detectives de personalidad carismática así como sus respectivas némesis. 

Del lado de la ley, podemos contar a modo de ejemplo: al profesor Augustus S. F. X. Van Dusen, apodado "la máquina pensante", de Jacques Futrelle (1875-1912), quien falleció en el hundimiento del Titanic; Max Carrados, el detective ciego creado por Ernest Bramah (1868-1942); Thomas Carnacki, detective de lo sobrenatural, creado por William Hope Hodgson (1877-1918); Joseph Rouletabille, de Gaston Leroux (1868-1927), quien pese a ser un reportero, efectúa verdaderas tareas detectivescas.

Del lado del crimen, aunque con diferencias sustanciales en cuanto a su moral y motivaciones, tenemos caballeros ladrones como el Arséne Lupin de Maurice Leblanc (1864-1941) o A. J. Raffles de Ernest William Hornung; a este modelo de ladrón que busca no causar víctimas inocentes ni emplear la fuerza si no es necesario, se contrapone el Fantômas de  Marcel Allain (1885-1970) y Pierre Souvestre (1874-1914), un sociópata traicionero y despiadado que no duda en matar con verdadero sadismo; y no debemos olvidar al Dr Nikola de Guy Boothby (1867-1905), un villano interesado en el ocultismo para encontrar el modo lograr la vida eterna y la dominación mundial.

El éxito de un personaje lleva tanto a emulaciones como a la aparición de parodias. En vida de Conan Doyle, se publicaron varias de ellas, siendo una de las más celébres la de Maurice Leblanc "Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes" (1909); pero no cabe olvidar otras como "La cigarrera robada" (1900) de Bret Harte (1836-1902), donde hace aparición un cómico Hemlock Jones; o las hilarantes "Novísimas aventuras de Sherlock Holmes" (1928), escritas por Enrique Jardiel Poncela (1901-1952).

Con posterioridad, otros autores han continuado con las aventuras de Sherlock Holmes, intentando llenar huecos de su vida, como "Los años perdidos de Sherlock Holmes", de Jamyang Norbu (1949), que relata lo acontecido tras su presunta muerte en las cascadas de Reichenbach, con una ubicación bastante exótica; cruzándolo con personajes históricos reales, como "Marx & Sherlock Holmes" (1981), de Alexis Lecaye (1951), un curiosísimo libro en que deberá averiguar quién intenta matar al mismísimo Karl Marx; o simplemente desarrollando historias que Watson no encontró adecuado publicar por temor al escándalo o daño a la reputación de terceras personas, "Las hazañas de Sherlock Holmes" (1954), que escribieron en colaboración y con un minucioso estudio previo del estilo de Conan Doyle, su hijo, Adrian Conan Doyle (1910-1970) y John Dickson Carr (1906-1977).

Una verdadera curiosidad que conocí gracias a la publicación por parte de la editorial Funambulista de los "Archivos secretos de Sherlock Holmes" (2020), es la existencia de historias apócrifas del famoso detective, publicadas entre 1907 y 1911 en Alemania, escritas por dos autores alemanes hoy olvidados, Kurt Matull (1881-1928) y Theo von Blankensee (1872-1945?), este último posiblemente fallecido en un campo de concentración al final de la 2ª Guerra Mundial.

Estas historias, que no entran en el canon holmesiano, están protagonizadas por Holmes y un nuevo ayudante, Harry Taxon, que sustituye a un Watson que ha priorizado sus pacientes y su segunda esposa sobre los casos de Holmes, con el consiguiente enfado del detective. El estilo es directo, sin florituras y no tan elegante como el de Doyle, pero con un ritmo rápido e historias lo suficientemente interesantes como para pasar las páginas hasta el final. Intuir quién es el culpable, no quita diversión a la lectura.

Resulta curioso que no se hiciera nada ante lo que era a todas luces una infracción de derechos de autor, pero por razones desconocidas, ni Doyle ni sus editores británicos hicieron nada al respecto. En todo caso, esto nos ha provisto de material extra que homenajea al detective más famoso de la historia, haciéndole vivir nuevas aventuras.

La selección realizada por Funambulista, de algunas de las 230 historias que se publicaron en Alemania, abarca dos libros más publicados en 2021, "Nuevos archivos secretos de Sherlock Holmes" y "Últimos archivos secretos de Sherlock Homes".

¿Qué detective es vuestro preferido? ¿Alguno ha intentado emular las dotes deductivas de Holmes?


domingo, 17 de septiembre de 2023

Hacedor de estrellas, un viaje al inicio y el fin del universo

"Hacedor de estrellas", del británico Olaf Stapledon (1886-1950), es una de las novelas más originales e inclasificables que he leído. Definirla únicamente como una novela de ciencia ficción no hace justicia a la variedad de temas tratados ni la perspectiva desde la que lo hace; considerarla una novela existencialista, tampoco. Además, toda obra es hija de su tiempo y, al lector conocedor del contexto mundial en 1937, año de su publicación, no se le escapan las referencias a los totalitarismos, especialmente el nazismo, que amenazaban los cimientos de una democracia liberal en crisis.

Magnífica edición en tapa dura de la edición española de Minotauro de 1997

Su formación en filosofía, psicología, literatura e historia, así como su ideología política socialista, pueden atisbarse en el enfoque que emplea para examinar las diferentes civilizaciones e inteligencias que el protagonista de la obra encuentra en su largo deambular por el universo; un viaje casi onírico del que solo tenemos la promesa de veracidad del narrador.

Para el alter ego de Stapledon, la revolución industrial y el auge de la civilización mecanizada es el punto de inflexión en la mayoría de las civilizaciones; es el momento cuando ésta puede pasar a un plano superior, de cooperación y unidad, sin renunciar a la individualidad, o de ir hacia atrás, perder el equilibrio y degenerar o quedarse estancados sin remedio hasta acabar extinguiéndose.

El plano superior no queda exento de peligros y puede igualmente degenerar en una suerte de fundamentalismo religioso con ambiciones expansionistas, conquistando y convirtiendo por la fuerza a pacíficas sociedades de iguales, hasta que son detenidos por civilizaciones benévolas todavía más desarrolladas.

Pero la complejidad de la obra de Stapledon va más allá, puesto que examina la definición de vida e inteligencia desde una perspectiva científica y sólida. Así, en la búsqueda del Hacedor de Estrellas (¿Dios?), el protagonista encuentra inteligencia no biológica a una escala colosal, tratando a soles y nebulosas como sistemas vivos, pero infinitamente diferentes a los humanos, algo en lo que se inspiraron autores posteriores, como Fred Hoyle y su "La nube negra". También  describe de forma precisa la existencia de civilizaciones de simbiontes, idea que será ampliamente desarrollada por otros escritores, como los insectores de Orson Scott Card en el universo de "El juego de Ender".

La escala temporal que abarca la novela puede resultar sobrecogedora, del principio al fin de la vida del universo, medido en miles de millones de años. De entre las obras que he leído, solo "Tau Cero", de Poul Anderson, recogía un viaje semejante, con descripción del envejecimiento y contracción del universo hasta generar un nuevo Big bang incluido.

Muchos autores que hoy consideramos clásicos de la ciencia ficción reconocen su deuda con las ideas desarrolladas por Stapledon en "Hacedor de estrellas", cuya reputación no deja de crecer 86 años después de su publicación original.

¿Habéis leído ya "Hacedor de estrellas"? Por favor, comentadme vuestras impresiones.

domingo, 27 de agosto de 2023

Edith Wharton y el último tren hacia la felicidad

La base de todo buen escritor descansa en buena medida en sus propias experiencias e influencias literarias y el caso de Edith Wharton (1862-1937) no es diferente. Nacida en una familia de clase alta y destinada a una forzada ociosidad por las convenciones sociales, lo cierto es que su desastroso matrimonio con Edward Robbins Wharton en 1885, de quien se divorciaría en 1913, le sirvió de catalizador para superar sus frustraciones (o al menos adquirir reconocimiento y renombre propios) el dedicarse a la literatura.

 

Como Henry James, la mayoría de sus novelas tienen como escenario la sociedad cosmopolita de clase alta de finales del XIX y principios del XX. Sin embargo, las dos novelas cortas contenidas en este edición de Alianza Editorial, "Ethan Frome" (1911) y "Las hermanas Bunner" (1917), se apartan de esta tendencia al transcurrir la primera en un entorno rural y la segunda, pese a ser urbano, en un ambiente social más bien decadente.

"Ethan Frome" es una lectura en que la fatalidad se infiere desde la primera línea, pero no es posible dejar de leerlo. El narrador inicial nos sitúa en el presente, 24 años después de los hechos que se describirán en un largo flashback por un narrador anónimo, pero ya se reciben impresiones sobre lo que nos espera cuando, viendo el personaje principal, ajado y prematuramente envejecido con apenas 52 años, exclama: "Se diría que ahora mismo ya está muerto y en el infierno" ; razón no le falta.

Ethan está casado, pero el matrimonio es infeliz, llevándose él la peor parte, puesto que Zeena, su mujer, es una enferma crónica (más ficticia que real, como veremos) que parece buscar hacer miserable la vida de su marido y privarle de toda oportunidad de felicidad. Viven en una granja aislada, en un enclave rural de Nueva Inglaterra, lóbrego y opresivo en invierno, cuando por las nieves queda prácticamente apartado del mundo. En este mundo de sombras, una joven prima de su mujer, Mattie, aparece como un rayo de sol en la vida de Ethan, enviada para atender a la enferma. 

No se trata de un triángulo amoroso al uso, ni siquiera de una historia de infidelidad, pues el protagonista sigue cumpliendo pese a todo con sus obligaciones conyugales, sino de la privación a un hombre de su única oportunidad de ser feliz y un final desolador para cualquier ilusión de futuro que pudiera albergar. Se puede apreciar el sentimiento de piedad ante esta situación en el tono del narrador del presente.

"Las hermanas Bunner" me recordó en cierto modo a "La taberna" de Zola. En ambos casos, unos personajes que viven humilde pero honestamente de su trabajo, con pocas pretensiones, acaban descendiendo a los infiernos por la llegada del amor y el sacrificio personal; un amor envenenado y un sacrificio inútil y nunca agradecido.

Las hermanas Bunner, que siendo relativamente jóvenes para estándares actuales, ya han pasado su edad casadera, regentan una mercería en Nueva York, en una zona venida a menos y donde se adivina ya la decadencia y la miseria. Con todo, su tienda es como un faro de luz brillante, con un escaparate limpio, unas mercancías bien expuestas y un interior acogedor. No ganan como para realizar dispendios extravagantes, pero sí para vivir sin deudas y con un cierto desahogo. La compra de un reloj como regalo de la hermana mayor a la menor iniciará el principio del fin.

El relojero, recién instalado en la zona y quien había trabajado para Tíffany´s, acaba entablando amistad con ambas hermanas, visitándolas a menudo y realizando excursiones con ellas. Es solo cuestión de tiempo que se proponga y las hermanas acaben separadas. El lector apreciará desde el inicio que algo falla tanto en los tiempos como en las formas de la proposición y que queda oculta una parte vital de la historia del relojero. 

La clásica historia de la llegada del último tren hacia la felicidad, termina con un descarrilamiento, pero saberlo casi desde el inicio, no quita emoción al descubrimiento del por qué tras una labor casi detectivesca de la hermana que queda soltera.

Estas novelas, junto con trabajos como sus "Relatos de fantasmas", demuestran la versatilidad de una autora que no se limita únicamente a las clases altas que tan bien conoce, sino que saca de otros hechos de la vida real y sus experiencias personales la base para historias plausibles y bien ambientadas.

¿Qué sensación os causaron estas novelas?


viernes, 25 de agosto de 2023

Dinero a mansalva y el placer de las relecturas

La mayoría de los lectores son curiosos y, terminado un libro, buscan continuar con otro, ya sea similar por género o completamente diferente. Con el tiempo, algunos lectores descubren además el placer de las relecturas, porque igual que el agua de un rio no es dos veces la misma, ni el lector ni sus circunstancias son las mismas que en la primera lectura.

Puedo recordar todavía, cuando tenía unos 13 años y era ya un lector empedernido, que mi padre, en un raro alarde de espontaneidad, me trajo el primer tomo de "La Fundación" de Isaac Asimov. En aquel momento, no pude pasar de las 10 primeras páginas; 25 años después, con un incipiente y tardío interés en la ciencia ficción, le di una nueva oportunidad. En pocos meses había devorado todos los tomos de la saga, emocionándome incluso con el tratamiento que hacía de las relaciones humanas y el paso del tiempo. 

Algo similar me ha ocurrido con otros títulos de los que podía tener un vago recuerdo, pero habían dejado huella en mi, y que volví a leer, descubriendo nuevas dimensiones por la experiencia vital acumulada.

Ciertos títulos, por honda que fueran la impresión que me causaron, como "La Taberna" de Emile Zola o "Ethan Frome" de Edith Wharton, sé que no los volveré a leer. Creo que los dramas, por bien conseguidos que estén, no deben leerse más de una vez.

"Dinero a mansalva" (Making money), de Terry Pratchett, es una relectura algo más particular, ya que la primera vez fue en su versión inglesa. Para quien esté familiarizado con Pratchett en castellano pero nunca le haya leído en inglés, adelanto que su vocabulario es prodigiosamente rico y puede obligar a consultar el diccionario más de una vez; cuestión diferente son las deformaciones del lenguaje que añade para el modo de hablar de los Igor y de diferentes partes del Mundodisco, además de los diferentes estratos sociales (y los trols, estratos geológicos en sí mismos).

Se agradece que no deba esforzarme en comprender hasta la última palabra del texto, pero la traducción de los nombres al castellano, tras haber conocido los originales, siempre resulta chocante. En todo caso, los traductores de la edición española han hecho siempre un magnífico trabajo, porque no es fácil traducirle.

Este título en particular trata sobre dinero; mucho dinero. En realidad, es literalmente una historia del paso del patrón oro al papel moneda actual, que ya no necesita el respaldo del precioso metal, aunque se mantengan ingentes cantidades en los bancos nacionales para mantener las apariencias. Además, es un magnífico manual de texto de funcionamiento del ciclo económico y de los males que le pueden afectar; de las negociaciones colectivas, los lobbies y la política en general. Pratchett toca con su delicadeza habitual otras cuestiones espinosas, como la salud mental y el derecho a elegir

El mero hecho de hallarnos en Ankh-Morpork, bajo la benigna mano del Patricio, Lord Vetinari, con una sociedad multicultural, multiétnica, multiespecies y multigeológica, no quita para que el parecido con nuestro mundo real sea sorprendente.

El señor Húmedo von Mustachen (Moist von Lipwig), tras haber devuelto al servicio de correos su anterior esplendor, mejorándolo con creces, recibe un nuevo encargo de Lord Vetinari que, como siempre, puede libremente rechazar; el Patricio jamás atentaría contra el libre albedrío de quien escoge mal. No tener una educación financiera formal tampoco es un impedimento, sino parte de la razón por la que le es ofrecido el cargo; eso y su increible habilidad para seguir con vida pese a la existencia de detractores, que gustosamente detraerían precisamente su cabeza de sus hombros si pudieran. 

¿Qué libro de Pratchett os ha causado una impresión más profunda, por tocar temas que os afectaban personalmente?


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Maira Gall