Han pasado más de tres siglos desde que John Locke publicara su Carta sobre la tolerancia, como respuesta filosófica a las
guerras de religión y a la persecución y privación de sus bienes
civiles de personas por causa de su fe. En la misma, defendía el papel
del Estado como institución secular, con fines seculares y
separada de la Iglesia. Prescribía que debía tolerarse cualquier
postura religiosa que no perjudicase los intereses de la sociedad y
del Estado y que el poder político
debía limitarse a ser garante de la paz, el bienestar e intereses
privados de los
súbditos. Además, realizaba un ataque a la doble moral de aquellos que,
con el
pretexto de salvar las almas de los demás hombres, someten a tortura
y privación de sus bienes a los que no profesan la misma religión;
pasando por alto los vicios de los propios cofrades, con quienes
actúan con benevolencia y defendía que
no era posible convertir por la fuerza a los hombres (al cristianismo en
este caso pero, por extensión, a cualquier otra religión).
Sin embargo, no parece que esta postura se haya extendido por todo el mundo. El Pew Forum on Religion and Public Life, ha publicado ya diferentes informes sobre la tendencia creciente de restricciones sobre la religión. en que muestran como el 75% de la población mundial vive en países donde en mayor o menor medida, se restringe el derecho a expresar y practicar libremente su fe
